domingo, 29 de junio de 2014

UFOLOGIAS II

Luisito era un chico de doce años inteligente y sensible que desde los nueve sentía y alimentaba un interés desmedido por los asuntos extraterrestres.

Luisito vivía con sus padres, dos personas honradas y sin aparentes problemas mentales y con una hermanita un poco más mayor que el y como casi todas las adolescentes un tanto atolondrada, con el cuerpo y la mente revueltos por mil cosas que no comprendía y otras dos mil más que creía entender, pero que tampoco entendía, y que le daban miedo y la provocaban unos cambios de humor terribles que la conducían a pasarse el día entre llantos, hipos, sonrisas, abrazos y raptos larguísimos de incomprensión y melancolía.

Una tarde, a principios de la primavera, Martita y mamá habían salido de compras. Luisito y su padre estaban solos en casa. El padre leía una novela sentado en un cómodo sillón de orejas, Luisito andaba desaparecido en las profundidades de su cuarto hasta que hizo su aparición en el salón y se situó a escasos metros de su padre. 

-Papá
-Dime Luisito
-Quiero ir al Canadá
-¿Y cómo es eso?
-Me he enterado que el Canadá es una tierra poblada por extraterrestres.
-¿De dónde has sacado esa idea?
-Lo he deducido por la abundancia de castores.
-¿Y cual es la relación entre los castores y los extraterrestres?
-Los castores se ocupan mucho de sus hembras. Son atentos y obsequiosos.
-¿Dónde aprendiste eso?
-Fue ayer, en un documental de la televisión.
-Pero bueno, Luisito, eso no es nada extraño, en muchas especies los machos prestan atención a sus parejas.
-No papá, hay algo más, escuché lo que dijo la tía Angelita.
-¿Y que dijo la tía Angelita?
-Al escuchar que los castores eran atentos y obsequiosos con sus hembras,la tía dijo que "sin duda los castores son seres de otro mundo", lo recuerdo bien, lo memoricé.
-Así que dedujiste que si los castores son "sin duda, seres de otro mundo" deben ser extraterrestres...
-Así es.
-Pero si los castores son extraterrestres ¿cómo es que nadie se dio cuenta de ello?
-Porque los canadienses también son extraterrestres y ellos trajeron a los castores desde su planeta.
Mira papá, ayer estuve leyendo en internet muchas cosas sobre el Canadá y los canadienses, todo cuadra. Escucha, lo anoté todo.
Lusito sacó de un bolsillo de su pantalón una libretita de tapas rojas y comenzó a leer.
-Los canadienses no son americanos ni europeos, habitan un territorio enorme y apenas poblado por un puñado de gente que aparentemente vinieron de Europa pero que se empeñan en no tener nada que ver con sus culturas de origen y crearon el "verdadero canadiense". Luego comenzaron a llamar a otras gentes de todos los países del mundo para que fueran a vivir allí. Está claro que son otros extraterrestres que están reuniéndose, preparando algo grande que está por llegar. Escucha, hay más datos. Comen cosas extrañas como granos de plantas de río que llaman arroz salvaje, savia de árbol que llaman sirope de arce, beben zumo de grosella, no juegan al fútbol y para divertirse se dedican a empujar una piedra por encima de una pista de hielo, les gusta el invierno y van todos vestidos de una forma muy rara, está claro, tienen que ser extraterrestres.
-Puedes estar en lo cierto, Luisito, pero creo que deberías investigar más este asunto antes de llegar a una conclusión definitiva.
-Por eso quiero ir al Canadá.
-Lo entiendo Luisito pero tendrás que esperar, aún eres pequeño.
-Pero papá, si este curso saco buenas notas...
-Mira,Luisito, quizá sea mejor que hables de ésto con la tía Angelita y le preguntes porqué según ella "sin duda, los castores son seres de otro mundo"
-Ya lo hice.
-¿Y que te dijo?
-Se puso colorada y trató de cambiar de tema...
-O sea que no te aclaró nada.
-No, pero me hizo pensar que sabía mucho del tema, creo que la tía Angelita puede haber tenido contacto con los extraterrestres y por eso sabe que "sin duda, los castores son seres de otro mundo".
-Bueno, esa sin que es una hipótesis bastante arriesgada..
-No, papá, piensa en ello. A la tía Angelita le gusta el salmón, come arroz salvaje, le gustan los zumos de frutas raras...
-Puede ser, Luisito, puede ser, además debes saber algo que nunca antes te había contado...
-¿Un secreto? ¡Oh si, papa, un secreto! ¡Cuéntamelo!
-Mira Luisito, ¿sabes dónde conocí a mama y a la tía Angelita?
-No papá.
-En un viaje al Canadá, dando un paseo por Mount Royal, al pié del Lago de los castores...

Al escuchar las palabras de su padre Luisito se quedó paralizado, fue un choque terrible, le temblaban las piernas, era incapaz de hablar. 

A su alrededor las formas comenzaron a perder nitidez, se sintió invadido por una extraña placidez, una luz blanca envolvía el salón, antes de perder el conocimiento tuvo la certeza de que el rostro de su padre se transformaba y dónde antes estaba su sonrisa amable, su mentón firme y su mirada clara ahora podía distinguir unos dientes sólidos y grandes, un hocico peludo, unos ojillos maliciosos que lo miraban fijamente... 

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