Por aquí no hay demasiada novedad. Hoy teníamos esta mañana un grado. El pequeño Madrid se agita y se convocan cenas y reuniones con motivo de la Navidad. Ayer una cena variopinta, hoy otra probablemente más dura, mañana jueves caña en la cervecería Santa Bárbara de Alonso Martinez con Alcides, Tato y el Zuavo, que es lo más apetecible. Se ven escenas extraordinarias, como por ejemplo ¡tres pulardas solteronas rondando a un capón de Brest pensando que es un gallo fecundador…! La gente tiene poco tino. En fin. Muchas lecturas aparte de estas cuestiones bajamente mundanas y sobre todo un gran paseo que di la semana pasada por el Madrid viejo de iglesia en iglesia, extraordinario. Ya te contaré más despacio porque empieza el acoso. Estoy un poco hasta el gorro. Voy a intentar coger unos días de vacaciones. A ver como hago. Unos los destinaré al puro estar tranquilo y otros a lo mejor a apalear kinkis, chusma y demás gente subversiva. Te mando un fuerte abrazo, Genaro
martes, 12 de mayo de 2026
domingo, 10 de mayo de 2026
San Isidro 2026. Primera en la frente. Por Genaro García Mingo, cronista.
El Amigo Pulardo, la última vez que asistió a un coloquio taurino, tuvo que abrirse paso a la salida a golpes. Con dos o tres brutales panzadas se quitó de encima a los más beligerantes y logro que se abriera un pasillo por dónde le dejaron salir sin atreverse a arrimarse, mientras el gritaba enfervorecido ¡¡Muera el arte, muera el arte y vivan los toreros buenos!!
sábado, 28 de febrero de 2026
Exposición del pintor danés Vilhelm Hammershøi (1864-1916). Por Genaro García Mingo, corresponsal.
Este Vilhelm es sin duda un excelente pintor y sin duda también un hombre del norte, de muy al norte. Vemos cuadros de bellísima factura, composiciones equilibradas, un estilo y una visión personalísimos. Preferencia clara por los interiores y la arquitectura, interior y exterior. Una ventana, una puerta, la luz reflejada en la habitación. Una calle, un edificio. Un salón, con un personaje. Algunos retratos, pero da la impresión de que corresponden sobre todo a una etapa de juventud. Habría que verificar esto. Más adelante los retratos parecen limitarse a un único personaje, su mujer, Ida Ilsted. Ida tiene un rostro que nos resulta familiar, como de hoy y del norte. Guapa pero contenida, carita menuda, naricita respingona, pómulos y una expresión de desamparo, como si los ojos no miraran o lo hicieran sólo hacia adentro, hacia un interior desolado, una habitación fría (verán que esto que acabamos de soltar tiene mucho que ver con lo que viene a continuación).
Hay varios autorretratos y cuadros en los que aparecen marido y mujer juntos. Pintó casi obsesivamente su propia casa que aparece como un lugar sereno, hermoso por los materiales excelentes, pero vacío, como suspendido en un espacio sin tiempo, detenido, dónde nada ocurre. En las muchas obras en que aparece la mujer del pintor, podemos verla unas veces retratada, pero muy a menudo como una figura de espaldas, ocupando un lugar estático en la habitación que parece ser lo que al pintor más interesa, en lo que primeramente se detiene su mirada: un ambiente refinado en el que apenas hay muebles, una mesa una silla, puertas macizas, paredes con zócalos de madera pintada y allí, como detenida también, su mujer, quieta, suspendida, como si no respirara.
Bajo la excelente técnica, bajo la excelente pincelada, la cuidadísima composición, el magnífico dominio de cierta gama muy concreta y limitada de colores, nos asalta una frialdad sobrecogedora. Tres paisajes que también parecen quietos, inertes y como suspendidos. No imaginamos a Ida trotando alegre por el prado. Es imposible.
Si al principio de la exposición los retratos de mujeres nórdicas, austeras y frías, con un aire protestante imposible de eludir, eran aviso de lo que podríamos encontrarnos, nada hacía presagiar hasta qué punto la frialdad de los magníficos interiores iba a resultar al avanzar por la exposición casi escalofriante.
De la parte más importante de la exposición -la serie de interiores de formato mediano- destaca uno de ellos bañado en la luz dorada de un hermoso atardecer. Destaca sin duda porque se nos van los ojos detrás de tanto calor, de tanto oro y de esa luz tan cálida, casi se nota el verano, incluso en ese norte. Es un refugio. Pero pronto recibiremos el fuerte mazazo. Si Ida había estado de espaldas, o en un recatado perfil en casi todas las composiciones anteriores, ahora, sin previo aviso, la vemos de frente, de cuerpo entero y desnuda. Si llegábamos admirados por la factura, la técnica y la pincelada, pero helados por dentro, gélidos y como buscando ya la salida para respirar la avanzada de primavera madrileña, Ida de frente, saliendo de la bañera en postura encogida, azorada, de una blancura desvaída y triste, nos paraliza, se nos corta la respiración y poco falta para que broten las lágrimas. Hay afortunadamente, no muy lejos, un desnudo de pequeño formato, una bella de espaldas, rozagante, de carnes abundantes y luminosas, si no recordamos mal pintado por Eugene Carrière, en el que ojo asustado busca refugio y consuelo y que devuelve a la respiración su ritmo normal.
Al salir de la exposición nos enteramos de que Ida y Vilhelm no tuvieron hijos. Al morir el pintor ya viudo, se subastaron sus bienes, incluida su biblioteca. Uno de los cuadros muestra un mueble con libros de Balzac y Dickens, lo que resulta consolador cuando esperábamos encontrar las obras completas de Lutero o sermones escogidos de Juan Calvino.
Al salir del museo brilla el sol, los camelios del patio han florecido, unos en rojo, otros en blanco.
Para el Heraldo de Nava,
Genaro García Mingo, corresponsal.
sábado, 10 de mayo de 2025
Brasillach. Por Genaro García Mingo Emperador. Reseña publicada en el Heraldo de Nava.
Termino hoy Intelligence avec l’ennemi. Le procès Brasillach, de Alice Kaplan.
El libro es muy bueno, aunque sólo sea por su perfecto orden y estructura, la lógica que aplica, lo bien que está escrito. Lo que cuenta es interesante, porque enlaza con muchas cosas que interesan tanto por razones generales, la historia europea y francesa, como familiares, seguir entendiendo lo que fue la derecha francesa, lo que significó la Acción Francesa de Maurras, etc.
Desde luego el pobre Brasillach, con su fascismo enrabietado y su colaboración activa con el ocupante nazi, se sale completamente del marco.
Uno se queda con la sensación de que fue un pobre hombre, una inteligencia funcionando sola, magníficamente entrenada por sus condiciones intelectuales como alumno de la Escuela Normal Superior, pero sin asidero alguno con la realidad, probablemente debido a las limitaciones y frustraciones de su condición personal, en particular de su más que probable homosexualidad reprimida. Y parece que esa inteligencia trabajando al cien por cien a su aire, esa facilidad de palabra, de escritura, acaban conduciéndole al esperpento, al disparate, si no es a la más completa frivolidad, escribiendo cosas que resultan penosas y terribles. De alguna manera acaba por aterrizar y recuperar una cierta dignidad durante su juicio y al ser condenado. Resulta un poco desolador.
Al final, parecen tener razón tanto Jean Paulhan como Cocteau cuando dicen lo siguiente (página 357):
« Le fait qu’un esprit aussi frivole que Brasillach ait pu se conduire de façon à être un jour justement digne de la mort, cela en dit long sur une incohérence profonde de nos mœurs. » (Paulhan).
Comme le disait Cocteau, Brasilach était « absurde et néfaste ».
Esto no quita para que la historia de esa época tremenda sea mucho más compleja de lo que se nos dice hoy, muy lejos de los maniqueísmos de buenos y malos. El libro trata con ecuanimidad muchos de esos aspectos. Por ejemplo, recuerda en la página 253 como en un momento determinado, en noviembre de 1944, de Gaulle declara Vichy ilegal : “(…) et cette illégalité était au coeur des procés de l’épuration. La célèbre ordonnance du Général disait que la “forme du gouvernement de la France est et demeure la république […], en droit, celle-ci n’a jamais cessé d’exister ». De Gaulle ne demandait rien de moins à la France que de réécrire son histoire : la France libre, la France résistante de De Gaulle, serait dorénavant considérée comme ayant été le vrai gouvernement de la nation. Vichy devait être considéré en revanche comme une parenthèse dans l’histoire de France, une imposture juridique. »
Sobre ese borrón y cuenta nueva completamente artificial se fundó la postguerra francesa. Los que habían sido fieles al ordenamiento legal, a las ordenanzas militares, al gobierno legalmente constituido, y fueron muchos y sin colaboración alguna con el enemigo, se quedaron colgando de la brocha cuando el general le dio una patada a la escalera que eran legalidad e historia recientes. Tal vez fuera la genialidad que permitió a Francia colocarse entre los vencedores.
Para El Heraldo de Nava, Genaro García Mingo.
jueves, 24 de marzo de 2022
Caballería roja. Genaro García Mingo, para el Heraldo de Nava.
Lectura de Caballería roja, de Isaac Babel. Uno de esos libros que están en casa y que estaba convencido de haber leído sin que me hubiera impresionado. Un error. Ni el primer cuento. Debió de llegar a casa y pillarme luego una temporada de esas en que todo se revuelve y trastoca. No estaba ni siquiera en el estante de sus compatriotas, pero el otro día haciendo orden lo encontré y lo coloqué en su sitio. Hay libros que parece que nos llaman desde los anaqueles. Este es un caso. Le dedicaron uno de los programas[1] que escucho en el coche cuando circulo por ahí y al llegar a casa lo empecé y con él estoy. Uno de los entrevistados lo había analizado con minuciosidad y conocía, además, la biografía de Babel al dedillo, señalando episodios y referencias de cierta turbiedad. Esto ponía de los nervios a los otros dos contertulios, tan admiradores del texto que no podían aceptar claroscuros en la vida del autor que, puesto que era tan excelente escritor, no podía ser sino una víctima del estalinismo. El otro insistía en sus dudas, daba detalles, que ponían a los otros de uñas. Y no lo hacía a la manera de hoy, por condena retroactiva ni corrección política, sino por afán de exactitud, de verdad, de conocimiento del personaje (si bien puede discutirse -como desde siempre se hace a la manera de Proust y Sainte-Beuve- si eso es importante o no para valorar la obra). Una de las cosas que dijo me pareció evidente, obvia, aunque a los otros les escandalizaba. Vino a decir más o menos que Babel se alistó en la caballería roja para escribir, porque necesitaba sangre. Dicho de otra manera, había visto cosas tan fuertes, tan terribles, que necesitada mantener el nivel de tensión, de horror para suscitar la escritura, como para mantener la pulsión de escribir. Los otros se horrorizaban y sin embargo resulta obvio que es perfectamente posible, aunque sea terrible. La presencia del judío como víctima es sobrecogedora y terrorífica, despreciados, insultados, degollados, tanto por bolcheviques como por polacos. De que manera contrastan los espléndidos paisajes tan magníficamente evocados, la veneración de los cosacos por sus caballos, con la más completa miseria, la violencia y el más absoluto desprecio por la vida humana. Todo el libro es un gran sable ensangrentado agitándose y golpeando sin cesar entre espléndidas llanuras, puestas de sol, trigales y pueblos reducidos a cenizas.
[1] Alain Finkielkraut
s'entretenait avec le regretté Pierre Pachet, écrivain et essayiste, et Adrien
le Bihan, écrivain, traducteur, à propos de la vie et de l'œuvre d'Isaac Babel
(1894-1940)
domingo, 6 de febrero de 2022
La tierra del grajo. Una reseña de Genaro García Mingo para el Heraldo de Nava.
No tiene excesivo sentido reseñar un texto si es pésimo, salvo que sea extraordinario en su imperfección y pese a ello reciba alabanzas diversas (cosa bastante frecuente). Menos sentido tiene aún si uno no se dedica a las reseñas, ni es crítico, ni nada que se le parezca. Si pese a ello se hace, la reseña es entonces una protesta. La reseña protesta apenas si merece el esfuerzo de ponerla en claro. Salvo por el gusto de la sátira, de zaherir ponzoñosamente. No debemos dedicar demasiadas energías a eso, que no nos sobran.
Pero hay otros textos que son todo lo contrario. Uno querría animar a que se leyeran, darlos a conocer. Como uno no es nadie y tiene nula capacidad de influir, se hace la reseña por puro placer, por puro agradecimiento a lo leído, para uno mismo. Estamos ante un caso así: La tierra del grajo, de José Antonio Martínez Climent, publicado por la editorial Verbum.
El título de la novela encierra varias claves que la lectura irá revelando. Tiene relación con un cuadro del pintor ruso Alekséi Savrasov, titulado Los grajos han vuelto, que ilustra la portada y del que se hablará en el relato. Savrasov es un espléndido paisajista ruso de finales del XIX. Así que en el título aparecen la tierra y la naturaleza, pero también, con la presencia de un pintor ruso, la gran geografía que recorreremos al leer. Es un hermoso libro. Tanto por la forma, un español hermoso, trabajado, rico, por momentos virtuoso, como por la historia que cuenta, tratada de manera voluntariamente deslavazada, como en escorzo, por un narrador que se sujeta y que claramente explica al lector que ciertos detalles no son necesarios. Por momentos se puede tener la impresión de que el hilo conductor se somete en realidad a los cuadros que al autor le interesa trazar con su fina sensibilidad, con su sentido de la observación, del detalle, con una prosa rica capaz de muy hermosas evocaciones. Esto no incomoda, la narración continua, sin ruido, como si asistiéramos a todo lo que se nos cuenta, sin estridencias, con el filtro de un velo ligero, que flotando en el aire atenuara las cosas, el tiempo, los hechos.
Octavio es protagonista, y a ratos narrador, un salto que se produce en el texto con naturalidad sin que la proeza técnica sea excesiva ni incomode. Está bien tratado el mundo mercantil, espléndidas evocaciones de una Europa de los balnearios, casinos y grandes hoteles, Venecia, Sicilia, el mediterráneo, el levante español, los largos viajes en tren, las estepas del Este, una sociedad internacional que se mueve a sus anchas por el continente con una galería de personajes de fuerte personalidad que vistos desde nuestra uniformidad de hoy parecen extraordinarios y variopintos. Y el amor, con ese personaje tan logrado que es Claudia. “Para entonces, Claudia ya había aprendido el delicado arte de dejarse mirar por los hombres."
Pero no se trata de un elogio del cosmopolitismo, ni de una de esas evocaciones de lujos pasados, de una belle époque de High life y Société, aunque varios personajes pertenezcan a ese mundo o lo frecuenten. Afortunadamente no se queda en aquello La tierra del grajo, sería alejarse extraordinariamente de su título y de la pintura de Savrasov. Porque dónde más alto llega el libro, dónde resulta más hermoso y casi diríamos que conmovedor es en su evocación de la vida en el campo, de grandes casas y grandes familias, por una parte, y de la propia naturaleza desnuda, por otra.
Se trata de un mundo enraizado. La frase “Hirundina siempre se santiguaba cuando tocaban a difunto” podría ser un ejemplo. El retrato de la vida de provincias es magnífico. Dos breves muestras, que son solo eso, un ejemplo entre páginas enteras que merecerían citarse: “Olía a manzanas cocidas con canela, y a la hiriente lejía que Hirundina empleaba para limpiar el terrazo, (…). En la mesita de noche se extinguían unos lirios (Tía Asuntina siempre los repartía por toda la casa: en el recibido, en el salón, en las habitaciones…)”. “Pero no vaya usted a creer que vivimos en el atraso o en el olvido. En S.V. hay dos peñas taurinas, la de Lillo y la de Cantó, antagonistas en todo por cuestión de gustos sobre encastes, pases, suertes y matadores, que suelen acabar en grescas callejeras y hasta en enemistades familiares hereditarias. Hay fábricas de cemento, cerámica, yeso, ocre, cuyo producto principal es el polvo. (…)”. No faltan ni el sentido del humor ni la ironía como parte del gran fresco que se nos ofrece. La descripción de los personajes puede llegar a ser fantástica. Dejamos una muestra con la del ventrílocuo don Francisco Sanz: “El don estaba representado por un hombrecillo vestido de chaqué, de aspecto apocado, que incongruentemente fumaba un enorme habano, enredado en animada conversación con un muñeco de hinchadas mejillas y enormes ojos fijos de lunático (de la peor y más visionaria dolencia psíquica que se pueda concebir)”. Algunas páginas en que se traza la vida de un torero un completo acierto.
Y, por otra parte, decíamos, la naturaleza en toda su belleza, pero también en su crudeza, en su realidad rocosa, pétrea e inclemente, como auténtica protagonista del libro. Hay pasajes realmente espléndidos que son además un alarde de escritura. Nos referimos en particular, porque no dejan de estar presentes por todo el libro, a la expedición de los protagonistas por las sierras del Maestrazgo. “El caso es que, tanto en primavera como en verano, a eso de media tarde y aún con sol, no hace muchos años, una fila de cabizbajas y rojizas ovejas se desplazaba con la mayor lentitud por el fondo de un valle circundado por picudas montañas, bajo las altas y ajedrezadas nubes, de un claro a una espesura, de una espesura a un claro, mientras la suave brisa que empezaba a moverse se llevaba su rítmico concierto de portentosas y saludables pedorretas, lejos, más allá de los peñascales, sobre las blancas pedrizas, pasados los bosques de encinas y robles, lejos…”. La sierra viva, desde que nace y crece, como si fuera un personaje más, con una vida de miles de años, hasta el presente. “Aquél es un páramo alto, creado durante los primeros bostezos del Paleógeno. Las fallas que habían comenzado a abrir el valle por dónde un día bajaría el Ferr, que hasta entonces se había limitado a la protocolaria tarea de liberar las tensiones geológicas entre placas antagonistas, invierten sus movimientos y se convierten en encabalgamientos como resultado de la lenta pero constante compresión del macizo tauritano contra el bloque castellonense. Así los materiales ordovícicos, más antiguos y consolidados, emergen y se disponen sobre aluviones y estratos sedimentarios cuaternarios, dejando a la vista en un par de millones de años unos suelos oscuros y duros, poco susceptibles a la frivolidad de esa erosión cuaternaria que, producida por el viento, o por la lluvia, o por el roce, allí se considera poco menos que una falta de respeto. Sobre ese terreno hay un caserío, unos pocos fuegos reunidos, más que en torno a un fuego o por causa de la historia, por el temor secular a los lobos, cuya nómina de campesinos y viajeros muertos es larga aquí, muy larga. El caserío en cuestión es Brugal de las Cuestas y, para cuando te quieras dar cuenta el mulero te habrá dejado en una revuelta antes de entrar, con tu morral tirado en el suelo mojado, y de él no verás nunca más que los cuartos traseros de su mula bajando por las cuestas.”
Claro que hay algún elemento que no deja de ser una concesión a nuestro individualismo contemporáneo, como cuando uno de los personajes -no damos más pistas a propósito- en cumplimiento de su última voluntad, es arrojado, dentro de su ataúd, al río dónde hace décadas murió la mujer que fue su gran amor. Un rasgo romántico, novelesco sin duda, pero ante la muerte y ante el fondo de una Europa que agoniza, excesivamente suelto, libre y por eso tal vez tópico. ¿No es ese capricho postmortem una contribución al desmantelamiento del continente al que se asiste? Hubiera asombrado un funeral lleno de latines y con el de profundis. Y que en el ataúd se hubiera incluido tal vez, algún objeto de ella, como forma de póstuma unión. Pero esto son cosas del que esto escribe quien, en el magnífico libro que es La tierra del grajo, no pinta nada salvo como admirado lector.
***
sábado, 2 de octubre de 2021
Tarde de toros. Feria de otoño 2021.
De nuevo allí. Hoy también, esta tarde, con la plaza llena. Y hemos visto torear a Juan Ortega. Nosotros que todavía elegimos los carteles por los toros -no sé cuánto tiempo podremos seguir con esa maña- le hacíamos ascos al cartel de esta tarde. Pero nos han podido las ganas de volver a la plaza, de volver a Las Ventas. Y una vez sentados, fuera prejuicios, fuera faenas preconcebidas, fuera pañuelos preparados. Mirar, mirar y mirar. Y no hemos visto más que a Juan Ortega, con la muleta, toreando al segundo de su lote, sexto de la tarde. De repente se paran las cosas, de repente se escenifica aquello de la línea horizontal, el toro, y la línea vertical, el torero. De repente se anda menos, se pierden apenas pasos, se rectifica apenas; de repente las series son cortas, medidas, pensadas, con remates airosos, vemos torear al natural, por las dos manos, y vemos toreo cambiado, vemos empezar la faena por bajo, continuarla con ayudados por alto, vemos torear, vemos al toro que se va quedando encelado, dominado. Y la verticalidad, la compostura, la naturalidad, la mesura, el inexplicable aire suave de pausados giros del poeta. Unos muletazos que nos encienden, que encierran una belleza que de repente se derrama ante nuestros ojos, después de tantas tardes desaparecida.
Se podrán discutir cosas por su puesto, no es esa la cuestión. ¿Por qué llevarlo hacia los chiqueros? ¿Por qué no acabar la faena en los terrenos dónde empezó? ¿Faltó un poco de hondura, de poder? Qué pena la estocada que desde dónde estábamos parecía contraria. Por supuesto. Pero hemos visto torear, hemos visto lo que da sentido a todo esto, a sentarse en la plaza a ver a esos hombres jugarse la vida. Oiga, no se ponga profundo que me voy. Descuide que ha sido sólo un momento.
De los otros dos matadores apenas hay algo que decir, sino que Emilio de Justo cortó dos orejas, de las de toreo automático y el Juli, lo mismo, un sola, pero del mismo estilo, de esas en que el torero parece un compás abierto dando vueltas como una peonza con el toro prendido de la punta exterior. Tampoco hay que cebarse, cada uno hace lo que puede, como nosotros, con tantas limitaciones. En fin. Que esta tarde estábamos allí de nuevo y que hemos visto Torear, con mayúscula, a Juan Ortega.
Para el Heraldo de Nava, Genaro García Mingo Emperador.
Por cierto, al recoger el coche se veía claramente que los señores que pagaban el aparcamiento delante de nosotros también venían de los toros. Les abordo con descaro. ¿Vienen ustedes de los toros? Se giran sorprendidos, si señor dicen mirándome de arribe abajo. Me apresuro a confirmar que yo también. Sonrisa. Voy al grano: ¿Qué les ha parecido Juan Ortega? Cuanto me alegra que sea esa su pregunta, porque esos muletazos, esos muletazos, lo otro, pues no, es otra cosa. Hay que venir veinte tardes para ver una cosa así. Nos despedimos coincidiendo completamente. Oiga, ¿y es imaginación mía o al señor ese, de buena pinta, por cierto, se le caía una lagrimilla mientras evocaba esos muletazos, esos muletazos…? Hombre, y yo que se, que cosas tiene, serán cuestiones del lagrimal descontrolado.
lunes, 6 de septiembre de 2021
¿Dónde exiliarse? Comentario a un artículo antiguo, por Genaro García Mingo Emperador.
En
lugar de la reforma que nunca se atrevió a llevar a cabo el PP, con dos
inmensas mayorías absolutas que para eso se le dieron, el 11-M nos trajo a
Zapatero y Zapatero trajo consigo la izquierda de 1934. Es así de triste, la
misma. Y no cabe la excusa de que la trajo para responder a una persecución
fascista o a la opresión de la derechona. No había tal. Fue como durante la II
República. Para la izquierda, la II República debía ser de izquierdas o no ser.
Ganó la derecha en el 33. Contra ese triunfo se organizó el golpe del 34 en
toda España, aunque fuera más virulento en Asturias. Y ahora, nuevamente estamos
en lo mismo, con los mismos actores: izquierda radicalizada, socialistas, comunistas
y separatismos totalitarios de todo pelo con el brazo político de ETA a la
cabeza, todos ellos a la caza de España y de nuestra convivencia. Es así de
triste.
Lo
de acudir al liberalismo -palabra polisémica donde las haya- yo lo entiendo por
su parte como un reflejo para buscar refugio ante el panorama que tenemos
encima, ¡bajo algún techo habrá que cobijarse! Sin embargo, liberalismo y
libertad no son exactamente lo mismo. El liberalismo no deja de ser una
ideología, con todo lo que ello implica de interpretación sesgada y limitada de
la realidad, con un concepto del hombre basado en la libertad negativa que hace
de nosotros mismos el centro y medida de todas las cosas. Mientras hubo una
sociedad tradicional, heredera del cristianismo, que logró mantenerse en pie,
el liberalismo pudo implantarse, sujeto y acotado por creencias que no habían
desaparecido del todo, y que daban lugar a sociedades que no habían perdido ni
estructuras, ni sentido común. Se da la paradoja de que el liberalismo ha
podido implantarse en Europa al amparo de un mundo tradicional al que ha ido
lentamente destruyendo.
martes, 20 de abril de 2021
Historias de J. Nipón (o Nippon). Coleccionadas por Genaro García Mingo. II.
J. Nipón, tan aficionado al fútbol, nos recuerda en estos días de mundial que a los marroquíes les llaman los leones del Atlas, mientras que, a los tunecinos, las águilas de Cartago, y con estas hermosas palabras tan cargadas de sentido y épica nos quedamos pasmados y parece que la mañana pierde algo de su cansina rutina.
Me dice J. Nipón hablando de las coderas que necesita mi jersey:
- Quedaría
moderno dentro de tu antigüedad, quiero decir, de tu clasicidad.
El gran Nipón me anuncia que van a publicarle su segundo libro de poemas. Duda entre varios títulos: Versos confinados, Versos a la Sal, Ruperta la poesía despierta, Versos confitados, Barbacoa o macedonia de versos, Ensalada de versos variados, Bocata de versos, Versos con tocino, etc.
Me dice J. Nipón, fisgando un libro que me acaba de llegar: es bastante grueso, pero como tú eres una ardilla de biblioteca… Y nunca mejor dicho. No acabamos de entender por qué lo de nunca mejor dicho. Me quedo con que mejor ardilla que ratón, o que rata, desde luego. Al mencionar a un niño en la llamada edad del pavo, Nipón apostilla, ¡más bien del faisán!
viernes, 5 de febrero de 2021
El HUEVO. Historias de J. Nippon. Colecionadas por Genaro Garcia Mingo.
martes, 2 de febrero de 2021
Incierta gloria. I. Genaro García Mingo para el Heraldo de Nava.
viernes, 22 de enero de 2021
Sentencia. Un comentario de Genaro García Mingo.
Nos traen las noticias una que parece especialmente importante y es la siguiente:
La
residencia en la que vive una anciana de 86 años quiere vacunarla contra el
Covid-19. Como ella ha perdido la cabeza, los responsables de la residencia
piden el consentimiento a su hijo y este se niega a firmarlo. La residencia
entonces emprende acciones legales y es la fiscalía la que solicita a un
juzgado de Sevilla que autorice a vacunar. Es decir, que obligue a la anciana a
vacunarse, contra el criterio de su familia.
Como
es sabido, no existe en España una obligación legal de vacunación, cosa que el
propio juez que dicta la sentencia reconoce.
De
acuerdo con la noticia que recoge lo indicado en la sentencia, el hijo de la
anciana alegó que “prefería esperar antes de ser vacunada su madre,
entendiendo que la vacuna no es del todo segura, y dada la rapidez con que se
ha iniciado la vacunación, de forma que no se ha podido determinar la
existencia de efectos adversos”. No son los argumentos de un feroz opositor
dogmático a la vacunación, sino más bien los de una persona sensata con ciertas
dudas sobre las consecuencias de esta vacuna en particular, dudas que al
parecer comparte una parte significativa de la población española. Los
servicios sanitarios le habían informado de “que los efectos secundarios que
puede conllevar se asimilan a cualquier tipo de vacuna que se encuentre dentro
del calendario de vacunación oficial anual”. Es una información más
cuestionable a la vista precisamente de que se trata de cualquier cosa menos de
una vacuna de las habituales.
Pese
a todo, el juez indicad que “no consta contraindicación médica para la
vacunación” y entiende que los argumentos del hijo “deben decaer frente
al carácter seguro de la vacuna Covid-19, que cuenta con la aprobación de la
Agencia Europea del Medicamento, siendo en todo caso mayor y más grave el
riesgo de contraer la infección por coronavirus que la de padecer algún efecto
secundario grave”.
Y
así acaba el asunto al parecer y se habrá vacunado a la anciana. Esto es lo que
hace el Estado con nuestros teóricos derechos y libertades, que a la vista está
que no son tales sino una entelequia al albur de lo que decidan el rebaño de
cretinos que puebla el congreso de los diputados o los personajes que habitan,
sin control alguno, en las instituciones supranacionales.
jueves, 2 de julio de 2020
LA POÉTICA DE SINFOROSO GARCÍA POTE. XVI. Paisaje en verano.
Sinforoso
García Pote, el más grande poeta vivo sin obra conocida. No hace falta
recordarlo. Procure pronunciar sus apellidos con el acento de un inglés que
viviendo desde hace años en España habla bien nuestro idioma, pero con su
acento. También podría titularse Nubes en el estío, pero no hay que pasarse tampoco. Eso, no sea redicho. 
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| Paisaje I. |
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| Paisaje II. |
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| Paisaje III. |
jueves, 25 de junio de 2020
Borrador para un pastiche homenaje. De los archivos de A. Bergamota.
lunes, 15 de junio de 2020
Quemado por el sol. II.
viernes, 12 de junio de 2020
Quemado por el sol, de Nikita Mijálkov. 1994.
Abuelos, nietos, una bisnieta, tíos, sobrinos, vestidos de blanco, rodeados de libros, de música. Sigue habiendo servicio, una doncella que es como de la familia, y servicios de porcelana, manteles de hilo, una sombrilla y fotografías familiares sobre las paredes. Cuanto se recrea la cámara sobre esas fotografías, pasando por ellas con una lentitud emocionante. Representan un pasado que sin interrupción se ha ido sucediendo y renovando, una línea familiar, un mundo coherente. Queda lugar en la pared para nuevas fotografías, pero el espectador presiente que no se colgarán, porque no serán tomadas. Y estos personajes pasean y van a bañarse al río.
Es el verano de un mundo muerto, al que sólo se ha dado una tregua y al que no defenderán ni los bosques en que parece refugiado, ni los trigales sin fin que rodean a esos bosques dónde se esconde la bonita y acogedora casa de campo.
Y por eso la película se recrea en esa vida, en rendirle un homenaje, con todo el detalle y la parsimonia que se merece. Y con la melancolía lógica de pasear la mirada por lo que ya no existe –el cineasta-; y de pasar a formar parte de la vida y del verano de unos personajes que sin duda se verá quebrada sin remedio por el implacable asalto de los sicarios de la revolución –el espectador que lo va presintiendo-.
En eso se acierta también a la manera de Chejov, que recrea un mundo y lo quiebra. La gaviota, Tío Vania, El jardín de los cerezos. Ya saben, no pasa nada, y de repente un pistoletazo. Y sí, hay un pesimismo, en medio de rasgos de humor, y sí, la familia está arruinada y se venderá la finca; es cierta la impotencia de los personajes que nos desespera… Pero en las obras de Chejov el mundo no parece morir, no del todo. Puede tal vez continuar en otro lado, saliendo sin más del huerto, de la obra, asomándose al lado. La revolución triunfante es otra cosa. No sólo se talarán los cerezos, sino que se sembrará el jardín de sal.























