jueves, 31 de mayo de 2018

BOLLERÍA - Breve apunte del dietario del eximio polígrafo, nuevamente cedido por Calvino de Liposthey.

- De vez en cuando entran ganas de zamparse un bollo esa es la verdad.
- No somos nadie.
- Sobre todo cuando se oye a un gilipollas hablar de estructuras de mapping de posiciones
- ¡Pero qué horror! Después de esa frase supongo que le pondrían mirando a Cuenca para practicar.
- ¿Pero qué dice?
- Supongo que se resistiría usted… ¿Le sujetarían entre varios? ¿Le dolió mucho?
- Pero quiere hacer el favor de dejar de pensar barbaridades. Lo de las estructuras de mapping de posiciones es como lo de agendar, los procesos corporativos, hacer mentoring o mindfulness, embrazar la diversidad –dicho y escrito así- , y otras paridas por el estilo milenial siglo XXI, y me congratulo de tu compliance en los reportes. ¡Seudo lenguaje, meta lenguaje, joputismo al por mayor!
- Ya entiendo ya, no somos nadie.
- No hace falta que insista, porque los que hablan esa jerga son los que le pisan la cabeza en lo privado, para lo público ya están los otros.
- ¿Le gusta con relleno de nata o de crema?
- De crema, espolveroado con azúcar, presentado sobre cartón y muy grande.

lunes, 28 de mayo de 2018

LA ENÉSIMA HORA DE ESPAÑA

En una reciente reunión cepogordista hablábamos Alcides Bergamota "El Grande" y yo acerca de los posibles derroteros de nuestro querido y desatendido (por mi parte) Cepo Gordo, órgano oficial de esa corriente mínima pero intensa que es el cepogordismo. Hablo de corriente, cuando quizá sería mejor hablar de modo de estar en el mundo, pero ese es un hueso para otro caldo.

En esa amable charla en torno a una mesa servida con sencillo licor, jarra de agua y humeante tabaco, nos preguntábamos acerca de la conveniencia de recuperar los temas originales que dieron vida a Cepo y abandonar las temáticas políticas o más bien de crear una segunda cabecera dedicada a alojar nuestras modestas contribuciones al debate ciudadano en torno a los temas de la ciudad y el mundo.

En el cepogordismo nada se hace con precipitación, así que a la espera de una decisión final, que sin duda requerirá de más reuniones evaluativas con sus correspondientes libaciones, fumeques, silencios y lectura de poemas y chismes varios (eso son reuniones y no las ejecutivas) me veo en la necesidad de hacer uso de nuestro querido Cepo para comunicar "a quien pudiera interesar" unas rápidas reflexiones sobre el triste y grave momento que nos toca vivir a los hijos de España y primos de Europa, hermanados en eso que otrora fue la civilización cristiana de occidente y que hoy es el guirigay de la turba confundida, el corre-ve-y-dile de conejos sin cabeza, la plasmación física de las ensoñaciones bosquianas.

España afronta su enésima hora final. Hasta aquí nos ha llevado la peculiar forma de ser y concebir el mundo de un gallego que nos hubiera hecho a todos un gran favor quedándose de mirón de la partida en el casino de Pontevedra.

Rajoy no es el único responsable del estado de cosas pero si es uno de los mayores responsables. No existe justificación posible para esa forma de hacer que mezcla con singular finura la abulia con la saña, la cobardía con la determinación a la hora de elegir mal a todo el que le rodea. Si el liderazgo se mide por la capacidad de elegir a los compañeros de viaje y alentarles en el mejor desarrollo de sus virtudes operativas y morales, está claro que Rajoy no es un líder sino un señor capaz de poner una carga de dinamita, hacer la siesta mientras el edificio se derrumba a su alrededor y luego acusar al arquitecto de mala praxis profesional

De todos los que podrían enumerarse y que por conocidos ahorro al lector, el mayor error de Rajoy es haberse permitido el lujo de llevar a España hasta el abismo de verse (una vez mas) controlada por los enemigos declarados, convictos y confesos de ser antiespañoles.

No sé si Rajoy tiene "todo el estado en la cabeza" o si olvidó los temas de registros, pero por su dilatada experiencia en el banco público, desde la responsabilidad municipal hasta la mas alta magistratura del Estado, parece evidente que debe conocer los resortes legales fundamentales que entretejen nuestro ordenamiento y a estas alturas debería haber aprendido las sucias artimañas que implica el estar en política. Su comportamiento niega ambas cosas. Ha manejado con tremenda torpeza las posibilidades que le otorga su poder ejecutivo y ha dilapidado con la fruición propia de un adicto los apoyos políticos que le permitieron comenzar a gobernar con una mayoría absoluta incontestable.

Decir que Rajoy ha traicionado las expectativas de sus electores es quedarse muy corto. Sencilla y llanamente este buen señor ha combatido con científica precisión todas y cada una de las cuestiones que resultaban esenciales para sus votantes.

El problema no es la traición de Rajoy sino las consecuencias de la misma. Si España fuera una de esas democracias miríficas a las que tanto gustan referirse los publicanos de la urna, la cosa no tendría más gravedad que ir a elecciones y mandar a este señor de vuelta al casino o al registro o a la butaca dónde tenga a bien sentarse a ver el ciclismo. El problema está en que la situación política de España no es la de una democracia (ni simple, ni buena ni menos aún mirífica) sino la de una dictadura de partidos que gracias a una legislación electoral prevista para una circunstancia puntual pero que nadie ha querido modificar, permite que cuatro desarrapados con malas intenciones puedan organizar un follón de mil pares que, sin exageración, puede dar por traste con "eso" que hasta ahora hemos dado en llamar España. Y Rajoy sabe esto tan bien como usted y como yo. Vaya si lo sabe.

Para colmo de males y en íntima conexión con la crisis social y política de España, resulta que el mundo anda un pelín revuelto. Así que tenemos a toda la patulea de los padres de la patria discutiendo por su trozo del pastel en las cortes, a los enemigos de España tratando de liquidarla (con bastante eficacia y ayudas varias) y mientras Europa y Occidente enfrentando la crisis más grave de su historia, comparable si no más grave que la vivida en la primera mitad del siglo XX.

Rajoy es reo de meternos de hoz y coz en un debate inicuo. Rajoy es reo de debilitar la trama política y social de España dejándola inerme para afrontar los retos que nos acechan. Rajoy es reo de sustraer tiempo, energía y renta a millones de españoles creadores y trabajadores que deberían estar empleando sus años en hacer de España un lugar mejor dónde vivir y una referencia y un oasis para las gentes de buena voluntad que quisieran compartir ese destino en el mundo.

Todo paralizado. Todo enredado y enfangado. Todo pendiente de batallas judiciales costosísimas, interminables debates estériles, terribles peleas a cuchilladas entre facciones y banderías de oportunistas y sacamantecas y el pueblo español de público de este drama cruento en el que se juega no ya el futuro de hijos y nietos sino la propia seguridad personal y la libertad de los padres y abuelos.

Mientras, la humanidad se enfrenta a los cambios antropológicos, a los retos sociales, a las cuestiones medioambientales, que requieren ideas, valores, energía, trabajo, algo que no puede darse ni generarse si el día a día la sociedad se va desangrando poco a poco en una siniestra autodestrucción que supone un monumento a la estupidez mas supina a la que hemos llegado tras un acelerado viaje de unas pocas décadas.

Así que lo grave de hoy no es si Rajoy aguanta o cede, si Sanchez gana los laureles o se hunde en el arroyo, si Ribera es césar o nada, si Iglesisas se compra el segundo chalé (este en Marbella) o si se hace un chaqué a medida, ni tampoco si los separatistas trincan más o menos, lo grave de hoy es que España se desangra poco a poco cuando tendría que estar armándose intelectual, moral y físicamente para dar la batalla por su lugar en el mundo, un mundo que avanza convulso, caótico, pero que avanza, lamentablemente, sin nosotros.

domingo, 27 de mayo de 2018

TOROS - Alcides Bergamota el Grande nos cede unas cuartillas.

 - ¡Mu-mu, mueran los señoritos!
- ¿Oiga pero que es ese grito? – exclamó Regino Heno Herrera dando un respingo.
- No se preocupe Regino. Ese es Pablillo el tonto de Nava con lo suyo – contestó el Amigo Pulardo sin inmutarse. Dio luego una plácida calada a un habano largo, inmenso, una verdadera cachiporra de tabaco.
- ¿Pero que hace por aquí? Regino al hablar se había removido inquieto en el butacón. Dio un sorbito a la palometa, apurando la copilla de cristal con forma de dedal.
- Pues muy sencillo. Es Lentini Spotti, la pústula de los Abruzzos, que de vez en cuando le da una propina para que el pobre grite esas cosas.
- ¿Y se lo trae desde Nava?
- Con tal de fastidiar es capaz de todo. En cuanto se ha enterado de que habría la casa para la temporada ha empezado con las intrigas. Lo de que mueran los señoritos le chifla – dio una nueva calada al gran cigarro que descubría un poco más de esa ceniza compacta de un gris espléndido, ¡un verso de Mallarmé!
- Pues a mí no me gusta nada eso de las amenazas, aunque las grite un tonto.
- Oiga Regino, no se haga el fino que lo del grito no va con usted, usted de señorito ya sabemos que nada.
- Con gesto breve de la mano libre el Amigo Pulardo atajó un principio de protesta de Regino Heno, que venía ese día tan compuesto; con corbata y traje claro, la raya en medio, los cuatro pelos sujetos con un poquito de gomina y bastante riego de un agua de colonia como infantil que a él le parecía que hacía inglés. Porque Regino Heno es culturalmente un inocente, un alma cándida que cree que hacer el inglés le da realce y elegancia, que es una pose adecuada porque aquello, ya sabe usted, no se puede comparar, es superior. Y suelta a veces un plis, por please, y un zenquiu por thank you y hasta un zans por thanks.


Regino se había servido otra palometa. El Amigo Pulardo está bien surtido y para la tertulia con Regino tiene dos marcas de anís, Anís Tenis y la Cordobesa. Porque a Regino que es muy inglés, como él dice, al final le tira más Monforte del Cid que los brandys de Jerez, el vino de oporto o los licores franceses del aparador del Amigo Pulardo.
- Mire Regino deje que le explique, porque ya le he dicho muchas veces que el asunto de los toros va siempre de contradicciones, de todo orden y a todos los niveles. Mire, hace años era frecuente que una parte de lo que podemos llamar la buena sociedad mirara con malos ojos la afición a los toros y trataran por todo los medios de apartar a sus vástagos de la plaza. Esto lo cuenta muy bien García Pavón en aquel libro estupendo que son Los cuentos de mi tía. Cuando había toros en Tomelloso ¡prohibido salir de casa! Nada de tentaciones. Paco Pavón –perdone la familiaridad- entonces niño en casa de sus padres se asomaba al balcón a ver pasar a las cuadrillas a pie, a los matadores en coche descubierto y a la muchedumbre que los seguía entusiasmada hacia la plaza. Imagínese al niño mirando desde el primer piso, sujetando los montantes del balcón con las dos manos, como un preso asido a la reja de la celda, fascinado por el espectáculo. Al libro le remito para que vea que no me lo invento. Para mucha gente de entonces en los toros anidaba escondida la tentación de majeza y flamenquería, de tablaos y juergas, de chulería y taberna, como dijo el poeta. ¡El miedo a que el jovencito de familia se perdiera en nocturnos ejercicios venatorios por colmaos y tabernas, entre claveles y mantones de Manila…!
- ¡Que barroco es usted Amigo Pulardo! -se atrevió a comentar Regino ante la parrafada encendida que le acaban de soltar- pero no veo a dónde quiere llegar.
- ¡Déjeme hombre, que el verbo es de lo poco que nos queda! Así que como le decía, a los de la coleta ni arrimarse. Remato ahora el argumento.
- Pues se le agradece que vaya al grano, sí.
- Lo que quiero decirle es que en el estado actual de derrumbamiento social, cuando la gran diversión, la más fina, es ver un partido de futbol por la tele dando gritos y alaridos; cuando el hijo de familia es un concepto que a la gente le da risa; cuando la única vertebración social y probablemente familiar es ya la pasta gansa, no contando apenas todo lo demás, pues resulta que una tarde de toros es algo de un refinamiento y de una belleza únicos. Una belleza estética que está prácticamente ausente en el resto de manifestaciones sociales a las que podemos asistir. La gente en lo que está es en dotarse de medios económicos para llevar a cabo las cientos de actividades que exige el frenesí social contemporáneo y aguantar el ritmo, ¡de los viajes en chancletas y de todo lo demás!– al concluir la frase el Amigo Pulardo se había puesto de pie de un brinco y agitaba toda su corpulencia, como sacudiéndose el esfuerzo.


- Hombre, pero que exagerado es usted. Y un tanto cenizo en su análisis. Y además, que quiere que le diga, de esa sociedad que usted describe en tonos tan negros sale el público que va hoy a los toros – y al decir esto, como para darse un premio Regino Heno remató la segunda palometa.


Regino Heno era como el Amigo Pulardo buen aficionado y se unía a la tertulia que él llamaba “de los de Nava” cuando estos acudían a Madrid a los toros. Llevaba tiempo preocupado por lo que el calificaba, refiriéndose a la Plaza de las Ventas, como la desorientación general de público, diestros y empresas. El cigarrón del Amigo Pulardo seguía ardiendo con pausada y constante lentitud, sereno aromático, y subían hacia los cielos del pequeño salón de altísimos techos, volutas de humo azul. Metiendo dos dedos regordillos en el bolsillo del chaleco para consultar el reloj de cadena, apreciadísima joya familiar, se dio cuenta de que era ya hora de partir hacia la plaza.
- Pues mire Regino, tampoco le falta a usted razón. ¿No se dice que los toros son como un reflejo, un resumen, del estado de la sociedad española? Por ahí va su comentario me parece. Todo esto hay que pulirlo bien, matizarlo como conviene porque, por una vez, no hay contradicción entre las alabanzas al espectáculo y la condición del público que acude cada tarde a presenciarlo. Porque al menos ese público sigue acudiendo a las tardes de toros, y aunque lo haga desnortado y a veces en estado calamitoso, sigue interesándose por algo que está por encima de la media y que no es una simple recreación de la cultura muerta de épocas pretéritas.
- Vamos que no llegamos – dijo Regino poniendo punto final a la amigable charleta.


viernes, 25 de mayo de 2018

FUMEQUES. Del cuaderno dietario del Gran Polítgrafo. Cortesía de Calvino de Liposthey, biógrafo.


Anastasio Cantaleta López Honduras regresó por fin de Cuba y trajo para los amigos un buen mazo de tabacos de la Habana.
- Oiga, ¿y a que fue usted a Cuba, justo ahora en primavera?
- No, a nada.
- ¡Ah! Permítame otra pregunta, se lo ruego.
- Es usted un poquito pesado, pero si no hay más remedio...
- Esos puros que dicen que ha traído, ¿por lo menos serán Premium? Quiero decir, de alto lujo.
- Se perfectamente lo que quiere decir. Es usted un cantamañas.



Así, de manera tan abrupta, concluía el diálogo entre Anastasio Cantaleta y Fidelio Lentini Spotti, que se quedó con las ganas de más.



 

Le voy a decir la verdad. Me equivoqué al encenderlo por la noche. La noche de un domingo lluvioso en que no había logrado parar ni un momento. Los Currutacos se instalaron y no había forma de largarlos. ¿Y quien son los Currutacos? Calle hombre, ¿a usted que le importa? Sólo le diré para ponerle los dientes largos que la Currutaca está un rato buena. ¡Pero oiga, por quien me toma! Bueno pues enciendo. Exceclente tiro, combustión pareja, aroma y fuerza. Leo mientras fumo. Silencio alrededor. Aparece como un cansancio. Llego a la mitad del cigarro. El brazo que sujeta el libro – un pesado tomazo encuadernado en piel de tortuga- va cediendo y de repente miro de reojo el cigarro. Pesa casi tanto como el tomazo. Es un enorme chisme, aromático, intenso, descomunal. Con las siguientes caladas llego al límite, se ha hecho tarde. Hay de repente como una resistencia física al tabaco, aunque el ánimo es de seguir leyendo. Me voy a la cama. Al tumbarme, noto como la mente está en realidad funcionando a toda velocidad, con absoluta precisión, todos los sentidos disparados, perfecta percepción del entorno, del exterior pero también del interior. El pensamiento adopta forma de habitación estricta. ¿Cómo que estricta? ¿Pero usted que pastillas toma, está pimplado? Pues eso estricta. He dicho que estricta y se acabó. Eso. Trato de calmare y dormir, momento en que abro los ojos todo lo que dan de si. Me levanto, abro una novela y aparece la historia de una gallina loca, causa de la amistad final entre dos vaqueros fornidos. Gato encerrado en todo el asunto, pero el autor pasa de puntillas. Pasada una hora, vuelvo al catre y ya me duermo. Mejor dicho, me traslado a un sueño. Viajo en tren, tren de mercancías con vagón de pasajeros, por el oeste. Un oeste de Walsh, de Ford, de Hawks. Pero de repente el tren cruza por encima de una gigantesca carretera moderna por la que circulan gigantescos vehículos norteamericanos, Ford, Mustang, Chevrolet… Indignación. ¡Como se ha podido cometer semejante error! ¡La escena arruinada, no se puede montar, hay que volver a rodar! ¡El director es un gilipollas! Ha llegado el alba: no volver a encender un domingo por la noche cigarro de los que trajo de Cuba Anastasio Cantaleta.


jueves, 17 de mayo de 2018

La cosa va de generales.


Es recomendable, de vez en cuando, un poco de historia comparada, para tratar de limpiar las telarañas cerebrales y el baúl de los tópicos, simplezas y memeces sobre, por ejemplo, la historia de España. A continuación un ejemplo de lo complejo que ha sido el siglo XX, que nos salta a las narices leyendo un tocho sobre el desembarco de Normandía.
Junio de 1944, los aliados han desembarcado y por fin el general De Gaulle logra tocar tierra francesa y organizar un primer acto en la ciudad de Bayeux recién liberada y milagrosamente intacta. Gran expectación, multitud aclamando al general que se dirige a la muchedumbre. En medio de la multitud una anciana exclama:
- Vive le Maréchal!
Al parecer el general le dijo a su acompañante más cercano:
- Otra que no lee los periódicos.
Poco antes el general había estado en la subprefectura dónde había sido recibido por el subprefecto, luciendo la gran faja tricolor. En la pared seguía colgado el retrato del Maréchal Pétain. Parece que al darse cuenta, pero sin aludir a ello, el subprefecto pasó un mal rato. El general De Gaulle no dijo nada.
Esta primera visita a Francia después del desembarco, cuando todavía los ejércitos aliados no habían logrado rebasar Caen ni abrirse paso fuera de Normandía fue el primer acto de todos aquellos destinados a evitar que Francia cayera en manos comunistas o en los horrores de una guerra civil.
Para el Heraldo de Nava, Genaro García Mingo.

lunes, 14 de mayo de 2018

TIPOS CIRCULISTAS. Una conferencia de Alcides Bergamota. Parte II.



El conferenciante, pese a las protestas, prosigue con la charleta y comenta la fotografía proyectada en tamaño gigantesco.

Diremos en primer lugar que desconocemos su nombre. El pie de la fotografía original sólo indica “Hombre con aparato de fotos. Principio de los años 1910. Esto y no decir nada es lo mismo, puesto que es evidente. Nunca pensamos que se tratara de la prima Angélica, ni que llevara en la mano un bocadillo de pimientos. Y en cuanto a la fecha, no esperen encontrarse con Hipólito Arcadievitch este verano si se asoman a alguna playa europea. Sin duda se llama así, Hipólito, hijo de Arcadio. Acabamos de caer en la cuenta. [Algunas risillas].
Lo primero que debemos refutar es eso de los ojillos malignos que revelarían una personalidad retorcida y complicada. En absoluto. Hipólito Arcadievitch es un estudioso del género humano, un poco misántropo, y por eso tiene una mirada a la vez aguda y algo desconfiada. No quiere que nadie perturbe su descanso estival con una conversación llena de pretensiones, o con un croar insustancial. Parlanchina, la dueña, dice cosas banales… Ya saben. Sólo admite la compañía de quien quiera observar con él los reflejos de la luz sobre el agua, o de quien sepa llevarle a algún rincón dónde contemplar el mar con más calma y mayor silencio todavía, y tal vez impresionar una placa. Es posible que a Hipólito le duela un poco la cabeza. Resulta que está también en Yalta, alojado en el mismo balneario, su primo León, León Dimitrievitch, y con él ha venido Serapio García, un amigo español de viaje por Rusia, que viene a tomar las aguas para curar unas dolencias melancólicas. Ayer se acostaron tarde, la cena fue opípara, varias botellas de un excelente borgoña y una de un buen brandy manchego, obsequio de la familia de Serapio, productores de Tomelloso que le hacen seguir el licor allí a dónde va. Pura cuestión medicinal. Esto quizá pueda explicar el ojillo entornado. Eso y un poco, sólo un poco, de prevención y mal humor, que son importantes para disfrutar plena y alegremente todas las maravillas que la vida ofrece. [Aunque prevalece el silencio se ha oído claramente la palabra carca y ha volado un primer objeto no identificado, aunque se apuesta por la pieza de fruta mordida. Pero como no ha dado en el blanco la charleta prosigue. Se oye un oiga por favor, compórtese].
Hemos evocado la prestancia física de Hipólito y aludido algo a los rasgos principales de su carácter, deshaciendo el malentendido que pudieran provocar los ojillos hundidos, la actitud lánguida, la forma de sujetar la máquina fotográfica, un tanto inerte, como si la foto estuviera ya hecha y le pesara un poco ser ahora el retratado.

 Todo se explica por una gran vida interior, y un poco de cansancio por la machaconería progresista que ya existía en su época, y al ajetreo de la cena de confraternización internacional de la víspera. Además, es obvio que Hipólito Arcadievitch echa de menos el mar. Pensamos que ha podido navegar no hace mucho y que tal vez siga en activo. De hecho es posible que la fotografía esté tomada sobre la cubierta de un barco, sobre la que Hipólito parece estar firme y sólidamente anclado. La impresión nos la transmite sin duda su corpulencia física. Tiene pie grande y calza magníficos zapatos abotinados.

Cuero, cordones, una horma airosa y precisa que sugiere se hayan hecho a la medida de la esbeltez del pinrel de Hipólito, seguramente de modelo romano. [Se proyecta un detalle de la fotografía. Rechifla en la zona sentada llena de chancletas y zapatillas gastadas de un color desagradable que denota su larga vida; aplausos desde la zona de bastones con ¡viva Arcadio conio!]
De la pierna es difícil decir nada. ¿Delgada canilla o poderosa herramienta de buen caminante? Se ocultan las piernas debajo de un par de pantalones de rayas irreprochables, de un corte sencillo que cae magníficamente sobre el empeine. Blazer oscuro, seguramente azul marino, chaleco claro, abotonado, corbata de algodón y esa gorra de patrón de yate, de marino, de almirante…Nada está fuera de lugar. [Silbidos ante la exhibición de dandismo apolíneo, nuevos aplausos, un verdadero duelo. El conferenciante levanta la voz, gesticula, llega a gritar.] ¿Sería posible que no hubiera navegado nunca en realidad? ¿Esa gorra tan importante podría ser el símbolo de un anhelo frustrado? ¿O se trata por el contrario del recuerdo más visible y querido de infinitas singladuras? Lo cierto es que la mano es recia, dedos gruesos y nudosos como raíces, manos de hombre que ha trabajado con ellas. [La expresión “manos de hombre” dispara las consabidas protestas e insultos: machista, supremacista, misógino y el inevitable joputa]
- Lo he oído, si, lo he oído, y me alegra saber que tan fina expresión tiene quien la use en esta sala, pues como es sabido desde que fuimos al colegio, ¡el que lo dice lo es! ¡Así que compruebo que el joputismo en masa asiste a esta charleta! [gritos lanzamiento de objetos, aplausos, se cruzan los ¡facha cabrón! y los ¡muera la chusma! Con nuevos aspavientos y poniéndose pie con la botella de brandy en la mano Bergamota consigue imponer nuevamente cierto silencio, quizá por temor a que la botella se use como quebradiza porra]. Continuará.

jueves, 10 de mayo de 2018

LA POÉTICA DE SINFOROSO GARCÍA-POTE. VII


Sinforoso García-Pote, el hombre de las mil caras, el más grande artista vivo sin obra conocida. Le precede al llegar un intenso olor a glicinia en flor, que algunos califican de perturbador.


Periferia.


Periferia con cedro.


Periferia con cedro II.