miércoles, 6 de julio de 2016

Pipismo crítico.

La Pipa. La cuestión de la pipa no es el habano, ni mucho menos. En la pipa priman sin duda la belleza del gesto y del objeto sobre el fumar. Belleza, estética, gesto, no es poca cosa. Pero fumar, fumar, el habano. Porque el habano tiene como supremo atributo, la lentitud, la languidez, el tiempo suspenso.

ESPAÑOL SIN FRONTERAS


Leído en la prensa, en la que se puede leer toda clase de cosas, a cada cual peor, normalmente. Este tiene su punto de gracia, al menos para el gusto simplón del cepogordismo neto. Se refiere a un español de sorprendentes giros: “Novia potoca desgarró a Farfán a punto de perreo”. Es decir, novia baja y entrada en carnes o rechoncha desgarró (se refiere a una lesión muscular en un muslo) a Farfán (nombre del futbolista) a punto de perrero (eso ya no lo hemos averiguado, puede ser lo que cada uno interprete). Esto apareció en un periódico chileno. El diccionario de la Real Academia recoge el término potoco, como de uso en Chile y lo deja en rechoncho, nada más.

viernes, 1 de julio de 2016

CAFÉ DE LA GARE. Acotación a ciertos insidiosos comentarios a la entrada anterior que asegura Café está en el sequito de la presidenta.


Me parece obvio que cree el ladrón que todos son de su condición. Es evidente que el tal Café de la Gare tendrá los defectos propios de su baja condición, pero a pesar de su oficio, no parece una persona servil y no veo que se preste a cobijar bajo su mágica sombra a los infames reyezuelos de las mediocres burocracias contemporáneas. No se arrastra, como parece que harían los comentaristas de nuestra anterior entrada. No babea ante esas primeras damas de medio pelo y chancleta que pasean por España soltando repugnantes dosis de moralina puritana. Ver a la tal Miguela Obama, secundada por la Leti, soltar discursillos para explicarnos cuales son nuestros deberes y obligaciones hace que a uno se le revuelva el estómago. Café de la Gare ha servido a damas de verdadera alcurnia y gloriosa prosapia, a señoras de verdad, y prefiere pasear la sombrilla por el polígono que arrimarse a semejante gentuza meritocrática, de dudosos principios, dudosa condición y evidente hipocresía. Y no se diga que eso es así porque es negra la tronca, que a Café de la Gare, en eso de la negritude a lo Senghor, no le gana nadie.

martes, 28 de junio de 2016

CAFÉ DE LA GARE, apunte. De los papeles dispersos de Alcides Bergamota el Grande.


Con esto de que los tiempos cambian y todo fluctúa, Café de la Gare ha tenido que emplearse en distintos oficios, al quedarse sin el empleo de ayuda de cámara del Conde de la Croqueta, que en paz descanse. El avispado lector habrá entendido porqué perdió Café de la Gare su empleo. No porque fuera despedido, ni por su color de piel negro azulado, ni por su distinguido porte de dos metros de contenida elegancia. Al contrario. Perdió el empleo por haberla espichado, sin previo aviso, el empleador, su patrono, padre de nuestra querida amiga, Countess Croqueta. Los amos ya no son lo que eran aseguraba Café de la Gare a quien quisiera oírle. Antes duraban más.

 

La última vez que charlamos con Café de la Gare se alquilaba en un polígono. Por favor, que no se disparen su malicia, su cinismo ni sus malos pensamientos. No se alquilaba para lo que están imaginando enfermizamente.

 

Con la llegada del verano el asfalto de la calle se derrite, y el ambiente del polígono se hace aún más cargante y espeso, se achancleta, se densifica, se carga de los más tumefactos olores, como víctima de una insana hinchazón provocada por el bochorno, el sudor, la goma de camión derretida, la fritura de aceites viejos, el descampado polvoriento. Ahí fue dónde Café de la Gare vio una oportunidad de negocio, modesto y transitorio, para salir del paso juntando unos cuartos. Por una cantidad modesta y negociable, Café de la Gare acompañaba a los ejecutivos de medio pelo a cruzar la calle, dándoles cobijo bajo una inmensa sombrilla. Se trataba de andar con ellos apenas quinientos metros, pero al tener que cruzar dos calles y una avenida, el trayecto incluía varias paradas, reguladas por la lentitud de dos semáforos indiferentes a la densidad del tráfico, a la intensidad del olor, a la podredumbre del ambiente, a la luz cegadora, al sol inclemente. Así que los quinientos metros se hacían eternos y los ejecutivos de medio pelo iban y venían descompuestos por el calor, rematados por la ingesta de las más atroces ponzoñas veraniegas, desfigurados por los efectos corrosivos de avinagrados gazpachos, capaces de cortar la digestión mesurada de un hipopótamo del Nilo. Es ahí donde Café de la Gare actuaba. El reclamo era doble. En primer lugar su apariencia alargada y exótica, su atildada elegancia de británico mayordomo, o podían dejar de llamar la atención en aquél desabrido páramo urbano, en aquél desierto sucio. Pero enseguida y sobre todo, su extraordinaria sombrilla, tejida de las más frescas y ricas sedas. Aseguraba que había pertenecido a un emperador de Siam, o tal vez a un Gran Turco de Anatolia. Abierta era inmensa y podía cobijar bajo su sombra a un grupo grandes de torpes y desaliñados ejecutivos de medio pelo, encantados de adentrarse en el frescor perfumado de aquella gran sombra movida por Café de la Gare, amplia como la carpa de un circo, a la que los dos metros de Café de la Gare servían de mástil, de largo y moviente palo mayor. Café de la Gare contrataba con un grupo, a tantas monedas por pasajero, luego daba un paso hacia el centro de la calle, bajo el sol abrasador y en un instante, con un movimiento ligero, aéreo, apenas perceptible, abría la sombrilla del emperador de Siam, el quitasol del Virrey de la Nueva España, el paraguas del Gran Mogol, que al desplegarse movía el aire, levantando una brisa inexplicablemente fresca, que agitaba el rendido mediodía, mecía los árboles sedientos y atraía a mirlos y gorriones. A una señal de Café de la Gare, el grupo se colocaba a su alrededor y echaban a andar hacia la tasca, el bar de carretera, el antro expendedor de menús al por mayor, la gruta de la fritura, la covacha de la gran ponzoña que previamente indicaran a Café de la Gare. Allí les esperaba, para llevarles de vuelta a las oficinas, cobijados bajo la sombrilla, intoxicados, asfixiados por el calor abrasador y los aceites saturados, por la margarina revenida, los congelados maltratados, las venas del cuello hinchadas, los ojos encendidos y el ánimo entre abotargado y excitado por el más infame de los brebajes, el recuelo expreso. A Café de la Gare le duro el asunto mientras quiso, hasta que se hartó de tanta medianía y partió en busca de más frescos y aireados parajes.

miércoles, 22 de junio de 2016

TERAPIA (receta de Alcides Bergamota el Grande)

 Cuando el europeo contemporáneo, ante la situación actual, necesita una pequeña inyección de moral, puede acudir a distintos remedios: el descanso, el cigarro, la copa, la memoria. Y también, por supuesto, el cine. Habrá que acudir a una fuente anterior a las terribles guerras que asolaron el continente en el siglo XX, eso se da por supuesto. Se puede empezar, por ejemplo, por la adaptación al cine de la novela de Mason, Las cuatro plumas, y para ello lo más recomendable es acudir a la primera versión, la que dirigió el gran Zoltan Korda, producida por su hermano, Alexander. Un segundo paso puede ser zambullirse en la novela, muy recomendable. La derrota de los derviches, la morisma al fin y al cabo, ya reconforta mucho, casi tanto como identificarse, aunque sea sólo un poco, y desde la butaca, con aquellos magníficos caballeros ingleses, cuidadosos tanto del fondo, el honor (¡oiga pero como se atreve!), como de la forma, su magnífica apariencia. Las volutas del habano llenan la atmósfera, tanto de la novela como de la película. Imprescindible que el ejercicio se realice fumando un cigarro grande, por supuesto hecho del tabaco de la Habana, de nuestra grandísima y desgraciada isla, la que fue perla de las Antillas, joya de la corona española. Atrévase con un Lusitania de Partagás, comprado especialmente para la ocasión. Ya casi nadie los fuma. Así estamos. Se puede hacer un ejercicio parecido con Kim de la India, la novela de Kipling, también magníficamente adaptada al cine, con un Errol Flin en el papel de Mahbub Alí, el tratante de caballos afgano, protagonista del Gran Juego. Retrocediendo en el tiempo, se puede acudir a Baroja, por ejemplo, y a su trilogía del mar, que son en realidad cuatro libros. Shanti Andía y el capitán Chimista son magníficos compañeros. Y para quien quiera seguir el viaje, déjese llevar por las memorias de nuestro capitán Contreras que puede adquirir fácilmente si no las tiene ya en casa. Todo esto le habrá preparado para llegar a la cumbre, al gran libro de aventuras por antonomasia, a la Verdadera historia de la conquista de Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo. La culminación del itinerario podrá celebrarse con una alegre comida en Medina del Campo, en el Continental, por ejemplo. No podrá faltar, a los postres, un nuevo y magnífico cigarro. Tal vez un gran Sancho Panza. El europeo contemporáneo, se sentirá, al final, un poco mejor.
 

martes, 21 de junio de 2016

ME CAGO EN EL SORPASSO

Han leído ustedes bien, si señores, ¡me cago en el sorpasso!
 
Estoy harto de escuchar y leer por todas partes ese termino traído del italiano que, en el español que usted y yo hablamos significa adelantamiento.
 
Me importa un pito si unos partidos se adelantan a otros o si superan sus resultados o cualquier otra forma que quieran emplear para explicar lo que unos sueñan conseguir frente a los otros. Lo que me indigna es el empleo de la palabrita en cuestión, que la mayor parte de los que pronuncian ni sabe que demonios significa ni de donde viene.
 
Me enerva la manía cateta, hoy convertida en vicio nacional, de emplear palabras traídas de otras lenguas o expresiones vacías y huecas que otorgan al que las pronuncia una imagen de persona informada, de persona culta y atenta al devenir de la actualidad .
 
La gente que usa expresiones como "el conjunto de los españoles", "este país", "cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado", "derecho a decidir", "relato", "memoria histórica", "concierto internacional", "violencia de género", "terapia de pareja", "familia heteroparantal", "derecho reproductivo"  etc... son la misma ralea que ahora habla del "sorpasso" y del "postureo".

Un individuo que al hablar de la Policía Nacional  y la Guardia Civil se refiere a los "cuerpos y fuerzas de seguridad del estado" o es un político con una alcachofa delante del hocico o es un memo en plan palomo ahuecando el plumón.
 
No conozco a nadie de mediana talla intelectual que hable empleando semejante sarta de vacuidades.
 
El gran problema está en el éxito (apadrinado, alentado y promovido) de este tipo de jerga que se va instalando poco a poco en la sociedad y que se ha ido incorporando a la realidad oficial española vía BOE dónde se habla de la "violencia de género" un día si y otro también.
 
Lo más grave es que en las escena pública española se alzan pocas voces en contra de esta colonización del lenguaje y de las mentes. La corrección política frena a unos y la brutal censura impide a otros expresar su opinión sobre este drama al que asistimos día a día con una paciencia que sorprendería al mismísimo Santo Job.
 
No debemos permitir que la progresía colonice nuestra forma de hablar y expresarnos. La expresión "este país" para referirse a España ha causado más daño que mil panfletos y dos mil documentales de manipulación ideológica.
 
La batalla del lenguaje es decisiva, fundamental. El lenguaje no es sólo vehículo de comunicación sino que conforma la mentalidad, la opinión, la orientación ética y moral, los gustos estéticos. El lenguaje es una vía que puede darnos acceso al bien y la belleza o puede irnos hundiendo poco a poco en una fosa de relativismo y mediocridad.
Por favor no ensucien nuestra bella lengua con palabras y expresiones traídas con sucias intenciones ideológicas.

A MORTE DE PAQUIÑA (ESCENAS DO CAPITALISMO DESENFRENADO)


-¿ Oiga, pero esto es una de crímenes en gallego?

- No hombre, sólo es marketing. Juntando el morbo criminal y la cosa autonómica, éxito completo.

- ¡Pero esto es una engañifa!

- Pues claro, como todo. En realidad a Paqui no se la cargan, no del todo. Verá usted.



Para poner en la calle a unos cuantos empleados sin pagarles un duro de indemnización, el empresario ha decidido que crean que sobre la empresa se ha abatido un mal fario que provoca accidentes. Todo lo prepara de antemano, el solo, robando horas al sueño. Con un destornillador suelta todos los tornillos que pilla, siguiendo un plan metódico y empezando por las sillas de trabajo: respaldos que ceden brutalmente al más mínimo peso, asientos que se vuelcan, ruedas que salen volando. Y luego: cajones que caen sobre el pie, mesas que se descuajeringan, lámparas que sueltan trallazo, puertas de armario que se abaten sin previo aviso. Una pena que la pobre Paqui fuera víctima involuntaria de la manipulación de la silla de Roberto Mansilla, ese haragán que figuraba el primero en la lista de accidentables. Como Paqui es empleada de la contrata de limpiezas, no había razón para ir a por ella. Menuda piña se metió la pobre. Claro que eso pasa por sentarse a descansar en lugar de barrer y fregar como debía. Tal vez Lentini Spotti, la pústula de los Abruzzos, se pasó con el destornillador. Y con lo de la caja de chinchetas para rematar. Fue arrimarse Paqui y cuando estaba ya en el aire para sentarse, casi sin contacto, la silla literalmente se deshizo, se evaporó cayendo en pieza sueltas por el suelo, un sabotaje perfecto. Al desmembrarse, del tubo central se desparramó por el suelo el medio kilo de chinchetas profesionales marca El Punzón. Los alaridos de Paqui se oían desde el descampado del otro lado de la carretera de Andalucía. Es lo que tiene la vida. El hombre propone y Dios dispone. Pero bueno, la cosa ya está encauzada. Paqui comenta que más que la fractura lo que le molesta son los picotazos: como si me hubiera revolcado en un enjambre de avispas, hijo. Y lo de Roberto Mansilla se arregló con un susto que le dieron unos rumanos amenazándole en portugués, para disimular, mientras le zarandeaban. Lentini Spotti tiene recursos.