domingo, 5 de abril de 2020

La queja.

No es posible quejarse apenas de nada, si uno está encerrado en casa, gozando de buena salud. Otra cosa es experimentar añoranza por la vida normal, recordando por ejemplo lo que hicimos el año pasado por estas mismas fechas: asistir a Misa por la mañana, domingo de Ramos, y acudir por la tarde a los toros. Tal vez los toros históricos pudieran ser algo terrible y brutal, en mayor o menor medida, como puede verse en algunas de las interpretaciones que dejaron, por ejemplo, Goya o Gutiérrez Solana. Aunque tampoco puede afirmarse como una evidencia. Sin embargo, hoy, en el mundo en que vivimos, el contraste que representan con lo electrónico, lo digital, lo plástico, liso y pulido, con la jauría que son las redes sociales, todo ello tan omnipresente durante estos días de reclusión, resulta esencial para no perder ya del todo y definitivamente el norte.

Y de regalo, por ser abril, esto de Lope:

Apenas Leonora
La blanca aurora
Puso su pie de marfil
Sobre las flores de abril...

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