viernes, 26 de junio de 2015

Relatos de Nava: En doscientas palabras, Salvación.

Cuantas veces había ayudado Doroteo a los náufragos que le llegaban a Nava, corriendo un velo compasivo sobre los dolores y sinsabores que les acompañaban. A Modesto Pinto, último troncho de la devastada saga de los Pinto Guerén, lo salvó de sí mismo la librería, y lo salvó de la librería Doroteo, cuando la compró para Nava. Fue la hermosa letra de Modesto en los sobres que envolvían los libros que recibía Doroteo, lo que llamó su atención. Allí estaba Modesto, el librero perfecto, el hombre cuya discreta erudición había convertido la pequeña librería propiedad de Magda Friegdebold en una referencia del comercio de libro antiguo. Modesto había sabido leer en el legado de don Segis Migraña. Treinta mil volúmenes que habían aterrizado entre los brazos de la apretada Friegdebold, única sobrina del muerto, experta en manuales de autoayuda para fitness. Desconcertada por el incomprensible legado, convertía los volúmenes encuadernados en pesas para gimnasia abdominal. Modesto había sabido moverse como pez en el agua entre toda aquella letra impresa, entre aquél tesoro acumulado por el voraz y misántropo lector que fue Migraña. Salía ahora de los oscuros almacenes junto con los miles de libros, flamante y luminoso bibliotecario de Nava.

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