viernes, 19 de junio de 2015

Ensalada mixta, por Genaro García Mingo.

Crítica a una crítica de Las raíces del romanticismo, de Isaiah Berlin

Lo primero es decirle que esto que leerá a continuación tampoco es nada del otro mundo, ya que viene a ser la crítica de la crítica de un libro que no he leído. Sin embargo, la forma en que aborda usted el asunto, la forma en que elabora su crítica me llama la atención. Creo que para ganar en solidez y credibilidad debería ser mucho más concisa y precisa, depurarse mucho más, limpiándola de tanta hojarasca. Pero entiendo que al fin y al cabo, tampoco es un sesudo ensayo sino una simple entrada de blog. Ahí va lo mío por si pudiera ser de alguna utilidad.
Lo primero que me llama la atención es que incurre usted en su texto en muchas de las cosas que reprocha a Berlin. ¿Contra quien se dirige la crítica (pues parece que sin duda nace contra algo)? ¿Existe el intelectual español actual adepto de Berlin? ¿Responde sistemáticamente a un mismo patrón? ¿De quién se trata? ¿Luchamos contra una abstracción? Cuando dice en su introducción que “me da la impresión” la palabra impresión es efectivamente muy adecuada, pues todo el artículo viene a ser una impresión y a menudo las impresiones carecen de fundamento si no se corroboran después con algo más sólido. No es lo mismo la impresión poética, por ejemplo, que la impresión como fundamento de un esquema de ensayo.
Cuando dice que “Siempre me ha sorprendido el odio que existe en España hacia el romanticismo”, incurre, si no es usted un poco más preciso, en un juicio de valor, una impresión. Se inventa un enemigo nebuloso para luego refutarlo. Creo que sería mucho más sincero limitarse a refutar a Berlin únicamente, sin mezclar generalidades imprecisas sobre España, o bien, refutar la tesis concreta de concretos intelectuales españoles. Atribuye suficiencia, desprecio, sarcasmo, etc. a esos intelectuales que siguen siendo categoría genérica, sin individualizarse. Se trata nuevamente de vaguedades sin fundamentar que incluyen un razonamiento un poco capcioso. Que el término romántico admita varios significados no implica que cuando se emplea en uno de ellos (por ejemplo en el de persona sentimental, generosa o soñadora, que recoge el diccionario) se pretenda con ello descalificar el romanticismo. Decir que Pepito es un romántico incurable no es descalificar el romanticismo. Si razonamos con impresiones, la mía es que la existencia del precioso museo del romanticismo en Madrid, con sus cientos de actividades alrededor del movimiento, viene a demostrar lo contrario, un inmenso interés por el movimiento y su difusión. Merece la pena acudir al museo y a las charlas, conferencias y exposiciones que organiza… Ya sé que es un poco extremo el argumento pero no veo mucha más solidez en la vinculación que usted establece entre un Berlin concreto y unos sus adeptos españoles genéricos y difusos.
Cuando se refiere usted a que identificamos en España las emociones con cosas terribles como “lo ridículo, la locura y el crimen” diciendo que son “salvajes, asesinas y racistas” creo de nuevo que ganaría mucho más su escrito si fuera más preciso y concreto. Refutar una tesis concreta no un gran molino de viento. Son licencias más propias de otro tipo de escrito: la diatriba, el panfleto, la soflama, la sátira, géneros un poco abandonados –es una pena- porque se dan de lleno contra lo políticamente correcto. A mí me puede divertir en un momento determinado soltar que en España (o en otros países) no cabe un tonto más, pero no deja de ser un exabrupto, una generalidad abusiva. Afirmar, si le he entendido bien, que en España consideramos la emoción como algo dañino, así, demuestra que sobre España se puede decir cualquier cosa… y la contraria.
Me provocan un poco de rechazo estos maniqueísmos: reaccionario es malo, progresismo es bueno; incluso encuentro un poco siniestra y limitadora la clasificación del mundo en esas dos categorías. ¡Cuánta abstracción! Como usted sabe muchas doctrinas progresistas han justificado crímenes abominables. Para ser concreto: por ejemplo la revolución francesa, que con su odio de clase y sus derechos abstractos provocó un baño de sangre y un régimen de terror. El Terror no aparece por casualidad al poco y como parte de la revolución francesa. La ejecución de Luis XVI es un episodio de salvajismo colectivo verdaderamente sobrecogedor. Yo prefiero los concretos derechos y libertades en la forma en que los plantea y defiende Edmundo Burke, por ejemplo. Es sin duda menos exaltado, aunque la emoción puede ser la misma.
Cuando indica que “Existió un romanticismo conservador y muy católico, esto es muy cierto, pero la esencia del romanticismo es la revolución y la lucha contra la tiranía en todas sus formas: la política, la religiosa, la moral.” me parece que es una afirmación cuando menos discutible. Esa lucha difícilmente podrá calificar como tal al romanticismo, porque es propia de muchos otros momentos de la historia. Mucho tiempo antes del romanticismo se había luchado ya contra la tiranía política, religiosa o moral, sin necesidad de ardientes exaltaciones ni el compromiso de los escritores con la política, afortunadamente. Véase por ejemplo las cartas de derechos, los fueros y habeas corpus medievales, nuestras leyes de Indias y la detención de la conquista para examinar su legitimidad o el sistema político inglés que durante los siglos XVIII y XIX se elabora sin revolución y con buena dosis de sentido común, mientras escriben Lord Byron, Shelley o Walter Scott. Por otra parte, se puede estar convencido de que se lucha contra la tiranía y la opresión y sin embargo ser su caballo de Troya. ¿No es Napoleón, héroe romántico por excelencia, un auténtico tirano, el Ogro?
El arte y los escritores han influido en la historia y en la sociedad siempre, ya estuvieran comprometidos o no. El escritor comprometido profesional es en cambio algo bastante siniestro y muy asociado con regímenes poco amigos de la libertad y del progreso: véase la gauche caviar francesa, por ejemplo Sartre negándose a ver lo que era la URSS, mientras eran perseguidos Grossman, Pasternak y el largo y famoso etcétera. No entro a discutir el valor de la obra de Sartre. El Satre escritor o filósofo puede ser estupendo, pero el Sartre comprometido es más bien nauseabundo. ¡Cuánto tiene el escritor comprometido de esbirro de una causa que le ciega! Es a menudo la peor cara de grandes autores, como por ejemplo en el caso de García Márquez y el castrismo. ¿Cómo se recibió a Soljenitzin en España? ¿Quién era el escritor comprometido? ¿Soljenitzin o los defensores de la URSS indignados porque se denunciaba el Gulag? Todo esto del compromiso… Son categorías que están ya tan holladas, que son tan confusas, que tienen tan poco valor que a mí me parece que utilizarlas para analizar nada es un poco perder el tiempo.
¿Qué escritores de cuarta fila nutren el fascismo? Es bastante terrible, pero también lo nutren artistas de primera fila como los futuristas. También se nutre el fascismo por sí mismo sin necesidad de que venga ningún artista con la cuchara, y echa raíces en un terreno previamente abonado, conscientemente o no. Perdóneme por estas perogrulladas, pero los artistas no son buenas personas o personas valiosas para el prójimo por el hecho de serlo, ni por el hecho de ser artistas, ni por serlo de primera, segunda o cuarta fila (categorización también un poco ligera y algo despótica, pobre J. de Maistre, será de cuarta fila pero parece que le tiene muy presente). Yo me temo que muchas teorías científicas del siglo XIX y seguramente Darwin si están, voluntariamente o a pesar suyo, en la génesis del totalitarismo del siglo XX y de la eugenesia. Esto está bastante estudiad y mucho antes del nazismo se elaboraron teorías inclinadas a la esterilización (si no a la eutanasia directamente) de determinadas categorías de personas.
No acabo de entender cómo se acerca a usted al tema que aborda. Quiero decir que si se trata de salvar el romanticismo como movimiento literario o artístico yo no veo que para ello haya que refutar las consecuencias que un determinado estado de ánimo o de pensamiento haya podido por otra parte provocar. Esto es propio de la naturaleza humana:  que impulsos (o teorías, o formas de ser) bienintencionados, nobles o altruistas tengan consecuencias imprevistas que puedan resultar objetivamente negativas, con independencia de que exista o una relación de causalidad completa o parcial, próxima o lejana, clara o difusa. Claro que el romanticismo como tal, en su integridad, no es el urdidor del nazismo, lo que no significa que no haya podido alumbrar muchos de los elementos que le dieron vida, pudiendo coexistir con otras causas (complementarias o principales) en el origen del fenómeno.
Parece claro que lo que se reprocha al romanticismo es haber tratado de implantar por la fuerza el utopismo ilustrado, haber creído sin matices que los problemas sociales pueden ser resueltos de raíz con el raciocinio, mediante la aplicación, a costa de lo que sea, de un modelo teórico previamente elaborado en la cabeza de un pensador. Digamos que el romanticismo, envuelto en sentimientos, pasa a la acción sin abandonar el racionalismo más feroz propio de la ilustración. Este sería un aspecto del romanticismo, sólo una parte del movimiento, que no pone cuestión el valor artístico, científico o intelectual de pensadores, músicos, novelistas o pensadores que se adscriben a él. Cuando digo que el romanticismo pasa a la acción cometo el mismo error que cuando se dice que España es esto o lo otro. Actúan los individuos. Por eso obviamente, y de nuevo, la forma de abordar la cuestión, tan genérica y general, da lugar a estos abusos y por eso, desde mi punto de vista, tiene un interés limitado.
Para terminar, algo más de lo ya indicado. Lo general creo que le lleva a incurrir en excesivas simplificaciones, a la manera de lo que usted mismo reprocha (seguramente con toda razón a Berlin). ¿Cómo va a ser la ilustración un movimiento anti-artístico? Con todos los respetos, pero creo que estamos cayendo en un trazo excesivamente grueso. Y además todo se basa en clasificaciones que para orientarse son útiles, pero nada más. ¿Forma parte el neoclasicismo de la Ilustración? ¿Es Haydn un músico de la Ilustración? ¿Y una época con ese músico no es artística? Arquitectura, jardines, pintura y hasta novela (pensemos en los ingleses de la época que cultivaron el género: Daniel Defoe o Jonathan Swift), ¿Carece de todo ello la Ilustración? Parece sin duda que no. A menos que nos pongamos a discutir si tal o cual pertenece a la Ilustración o al Romanticismo o si la novela de Swift no es la novela moderna y que en cambio si lo es la del romanticismo, etc. y demás finezas. No tiene ningún sentido desde mi modesto punto de vista, o a lo mejor es que es un juego que a mí no me interesa. También puede ser.
Si el libro de Berlin o si sus conferencias mejor dicho –parece que no las revisó o no pudo hacerlo antes de su edición- incluyen algún disparate, creo que realmente no merece perder demasiado el tiempo en refutar esos disparates so pretexto de que es un libro peligroso (expresión desafortunada) de prodigiosa influencia en España, influencia que en su contexto usted no se toma el trabajo de demostrar. Denos al menos algún ejemplo. Es obvio que un músico no tiene por qué interesarse por la ciencia ni un científico por la música, aunque pueda suceder, y que miles de cosas suceden en paralelo y que cuanto más avanza una sociedad mayor es la ignorancia del individuo aislado respecto del conjunto del saber social, producto de la especialización, pero sobre todo de la libertad. Ese es el gran tema, la libertad, que permite a unos y a otros probar, acertar, fallar, corregir, volver a acertar, lejos de clasificaciones, rigideces y tiranías y lejos también de las tópicas preguntas sobre “lo moderno”, que es con lo que se rellena cualquier desconchado en la pared. Es la argamasa universal. El Greco es muy moderno dice el crítico y la tropa aplaude extasiada. ¿Y la belleza, y la verdad y la libertad? ¿Pero qué es eso de ser moderno? ¿Lo que interesa del pasado, lo que valoramos de un gran artista es que se parezca a nosotros? ¿Qué valor tiene ser más moderno? Toda la tesis es una falacia lógica, un razonamiento que gira encerrado sobre sí mismo. Asimilar lo innovador con lo progresista y lo moderno es abusivo. Cuantas veces lo progresista es profundamente reaccionario o degradante. ¿Y lo moderno? ¿Qué es lo moderno? ¿Es necesario, tiene interés hacerse esa pregunta? La libertad es indudablemente la gran cuestión y los ámbitos de libertad son los que han permitido el progreso de la humanidad.

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