miércoles, 18 de septiembre de 2013

HEREJES, LA ULTIMA NOVELA DE PADURA

Mi afecto por Padura se debe esencialmente a su personaje Mario Conde, el cual me cae bastante bien. 

Mario Conde (desconozco si Padura sabía de la existencia del homónimo español y conocía su peculiar ejecutoria vital) es un buen personaje de novela negra. Padura lo ha armado con piezas sueltas de la larga tradición americana y se perciben en él las lecturas y preferencias cinematográficas del autor, todo ello teñido con ese color peculiar de lo cubano que tanto atrae al lector español en cuanto Cuba es un crisol de muchos rasgos de la madre patria batidos en los calores del Caribe y adaptados por la mezcolanza racial y cultural del medio.

Mario Conde es un tipo que aspira a vivir con un mínimo de dignidad y un máximo de humanidad en una sociedad hecha trizas de un país arrumbado, sumido en el caos y la contradicción permanente entre lo predicado y lo ejecutado. Sus valores se centran en la amistad con un predominio de eros sobre ágape, algo comprensible dadas las circunstancias. Conde es humano, muy humano.

Reconozco que el deambular habanero de Conde, sus aventuras sentimentales presididas por el amor eterno a Tamara (relación que en esta última entrega parece consolidarse) sus amigos, desde el flaco Carlos a Candito y Yoyi, un remedo cubano de un pícaro castellano, me hacen gracia y creo que tienen un valor literario nada desdeñable.

Padura me recuerda en muchas cosas al chileno Roberto Ampuero y considero que Cayetano Brulé comparte algunas cosas con Mario Conde aunque barrunto que su molde está trabajado bajo la inspiración de Pepe Carvalho. Ampuero, del que les hablaré otro día, es un caso incomprensible de falta de éxito en España, misterios de la literatura y la edición, solo Dios sabe por qué no se le ha dado más cancha.


Asentado en la buena opinión que tengo de Padura como productor de entretenimiento literario de género negro y el aprecio por su personaje, me he embarcado en la lectura de su última novela de la serie Mario Conde titulada Herejes.

En primer lugar Herejes es un tomete largo y denso al que le sobran un montón de páginas, cosa que sorprende al estar publicado por una editorial solvente.

La historia, bastante simple en el fondo, se adorna de tal forma que acaba por convertirse en dos libros en uno. El primer libro es el que enlaza el principio y el final de la novela y no es sino una aventura más de Mario Conde. El segundo libro, insertado a modo de nudo, falla estrepitosamente. La historia del pintor judío y el maestro holandés es un pestiño insufrible. 

Tras haberlo meditado no tengo claro si Padura quería hacer una novela denuncia, una historia del judaísmo europeo o una pseudo biografía del pintor holandés, el caso es que el intento falla estrepitosamente.

Lo lamento por Padura que a juzgar por el texto se ha molestado en trabajarse el tema, documentarse y armar una buena guía del Amsterdam de la época, ahora bien, yerra en el planteamiento y abusa del enlace haciendo de un asunto que debería ocupar no más de veinte o treinta páginas un muro de ladrillo insertado en medio de un edificio de piedra sillar.

Desconozco por completo el proceso creativo de Herejes, pero me da la sensación de que o ha empleado a Mario Conde como marco para contar una historia que nada tiene que ver con una novela negra - policiaca o bien que se la ha ido la mano y tras recoger mucho material lo ha metido todo teniendo que desarrollar la historia del pintor más allá de lo deseable.

De haber sido su editor yo le hubiera sugerido replantearse la novela de cabo a rabo e incluso la conveniencia de escribir dos libros, uno sobre el pintor judío y otro, una aventura de Mario Conde, que hubiéramos leído con gusto.

Sea porque el tema se ha apoderado del autor, sea por empecinamiento en querer hacer una novela negra con fondo histórico, al final Padura ha entregado al lector una obra que en su parte central se hace mortalmente aburrida, algo absolutamente prohibido en un género nacido por y para el entretenimiento inteligente como bien decía Somerset Maugham.

No sé si Herejes marca un giro en la orientación de la serie Mario Conde, espero que no. A mi juicio un escritor que goza del favor del público y del apoyo editorial tiene en su mano el trabajar en varias líneas de creación sin que su público se resienta, Camilleri es un perfecto ejemplo de un escritor que trabaja en tres y hasta cuatro frentes con singular éxito en todos ellos.

A mi juicio, la línea de Mario Conde tiene aún mucho recorrido dentro de un formato negro clásico y si a Padura le asaltan y rodean otras historias lo que debería hacer es contarlas separademente, sin mezclar a Conde en asuntos que no hacen sino restarle frescura e interés.

Sanglier.

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