jueves, 10 de septiembre de 2026

Borrador de esbozo de un escorzo del fragmento de un momento. Por A. Bergamota. Agradecemos a C. de Liposthey que nos haya cedido este texto.


Vivir en Nava había supuesto para el gran Bergamota volver a una vida social. 
En la inmensidad de la gran ciudad, en el sin fin de ocupaciones, desplazamientos y en la multitud de ridículas obligaciones que se imponían por todas partes había visto Bergamota como se ahogaban, como se iban lentamente desligando como víctimas de un líquido disolvente, todas las reuniones, todos los círculos, todas las tertulias. Primero víctimas de la odiosa y tiránica prohibición de fumar en lugares públicos, más adelante por los melindres, viajes, obligaciones, perezas, agotamiento y desazón de tantos. 

Nada con una frecuencia superior a la mensualidad era posible. Como incluso en los acontecimientos mensuales eran habituales las ausencias, las más de las veces anunciadas la víspera o incluso pocas horas antes (me ha surgido, me ha pasado, no llego, lo lamento, pero, etc.), cualquier impulso para organizar algo perdía fuerza hasta debilitarse de tal manera que acababa muriendo. 

Quedaba entonces la gran ciudad en su soledad, en toda su fascinación de largos paseos entre las masas anónimas, de infinitas caminatas mirándolo todo, callejeando hasta el agotamiento, deteniéndose a comer, a tomar un café, pegando la hebra con unos y otros, camarero, dependienta. 
Recordaba al andar por aquellos barrios las largas caminatas del pintor Solana, que según parece podían durar en ocasiones hasta la madrugada, y que luego, el pintor vertía en infinitas cuartillas que quedaban desperdigadas por el suelo del comedor de su casa. 
Nava supuso retomar contacto con una vida social, sentirse llevado, amparado en una estructura. Saludar por la mañana, acudir a la tertulia semanal, participar en la gacetilla local, iniciar el ciclo de conferencias, ayudar a don Tereso Infante Mogroviejo en la parroquia, acudir a Misa al ritmo del año litúrgico. [comentar los peros y decir que se salvaban por las extraordinarias circunstancias de Nava y la gente que allí concurría].

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