Hay que leer a veces, para mantenerse unido a la España que uno conoce, en la que uno cree, y que es el hogar, para volver a esa, lejos de todo aquello que es tan extraño y no tiene sentido.
Bar en la avenida de Madrid, mostrador de zinc, todos los viejos brandis, Veterano, Soberano, Magno, una botella de Pepermint sin usar desde hace veinte años, una enorme croqueta, mostrador con productos fríos bajo cristal desde hace semanas y un personaje extraordinario detrás de la barra, con barbitas y pelo absolutamente hirsuto, sin duchar desde hace un tiempo, que le dice a quien le pregunta: Toma lo que quieras que no soy tu mujer, ¿o es que tu mujer tiene perilla? Ese personaje en un bar en Barcelona resulta hispánico al cuadrado.
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