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lunes, 27 de julio de 2026

Apuntaciones sueltas de unos días de buen Camino. Por A. Bergamota, peregrino.




¡Paredes de Nava, Becerril de Campos!

Como lo caigas cobras”, oído hace años en Olmedo, se lo decía una señora, seguramente su madre, a un niño revoltoso que llevaba un paquete. 9 de septiembre del 2016, fumo una pipa en Sahagún. En Galleguillos de Campos unos señores nos abren la Iglesia. Retablo de Santo Tomás, discípulos de Emaús. 

- Muchas gracias…

- ¡Qué va! ¡Qué contento se va a poner el Santísimo de tener compañía!

En Santervás de Campos, donde empezamos a andar, nos dicen que de buena gana se quedarían con los niños. Sólo hay diez y tres son de Nuria, que tan amablemente nos abre la Iglesia. Me descubro para dar los buenos días a un hombre mayor, pues llevo un sombrero de paja para el sol. El, apoyado en el bastón, corresponde quitándose la gorrilla. El llevar sombrero y gorra permite gestos como estos, tan civilizados, tan profundos que parece que viajamos a la noche de los tiempos. 

Grajal de Campos, invadimos literalmente un bar que tiene unas mesas a la sombra fresca de una parra y un recinto con bancos, mesas, hierba. Literalmente lo tomamos al asalto. Algunos niños del grupo, al pasar, ofrecen chuches al dueño…La iglesia de Grajal de Campos es espléndida, no intento ni siquiera describir hasta qué punto el templo es solemne y grandioso y a la vez recogido, invitando al silencio. La iglesia tiene diez cristos. Vemos un Cristo de la Agonía, del siglo XVII. Félix el Sacristán nos explica muchas cosas. Félix el Sacristán es tal vez, sin duda, lo mejor de esta parada, de este largo día de marcha. De un Cristo nos dice que en el pueblo lo apodan “el perillán” porque es pequeño, pero pesa mucho al ser de madera maciza. Un cristo del amparo. Nos explica el valor de algunas piezas, peripecias de las restauraciones: yo estaba arando en el campo cuando me llamó el cura. ¡Que vayas corriendo a la iglesia que han traído el Cristo que se llevaron a restaurar y no es el mismo cristo! Con la restauración ya no lo conocía, pero si era el mismo, sí. Al utilizar en una frase la expresión si Dios quiere, nos explica: porque nosotros lo decimos… Como queriendo añadir el todavía, que se calla. 

Al llegar a Sahagún, tres apuntes en la iglesia de San Lorenzo. 



sábado, 20 de marzo de 2021

Fragmentos de un cuaderno. Cortesía de Calvino de Liposthey, biógrafo.

Larga lectura ayer con un inmenso habano sabrosísimo que cumplió a la perfección su papel de silencioso compañero de lecturas.

Madrid en invierno con el aire purificado, limpio, con las transparencias de la luz llevadas a su máxima expresión por unos días de lluvia previa, es hoy la ciudad de las mil perspectivas. Cruzando Fuencarral para llegar a Alonso Martinez vemos la calle moverse infinita, como una inmensa pasarela aérea, como si fuera una brillante y límpida cinta de tela de raso. Baja primero, sube luego hasta las nubes. La perspectiva y las distancias modificas son el efecto de las torres y de las cúpulas de las iglesias. A lo lejos, bajo un cielo espléndido, los perfiles de la Gran Vía.

Los ojos del archiduque Alberto, un poco globulosos, nos miraron melancólicos. Mucho más firme en la expresión el rostro de su mujer, la infanta Isabel Clara, hija del Rey prudente.

Tereso Infante, que tomó café con nosotros ayer, asegura que todos los seguidores de las series ofrecidas por las plataformas digitales son unos perfectos tarados. Hombre, no diga eso, le dice Luis Mogroviejo que había traído unas pastas. Sospechamos que Luis Mogroviejo no está enganchado a una serie sino a varias de forma simultánea y, por lo tanto, no hace otra cosa. Tereso Infante no le hace caso y remata: Quieren ser masa, sentirse unidos al prójimo de alguna manera, incluso por lo más bajo, ahora que la religión ya no cumple para ellos ningún papel. Cambiamos el tema con una larga cambiada, imperceptible de tan ligera.

En Añe, breve charla con Teófilo G. A. Nos dice que en el pueblo hay treinta personas. Todos jubilados menos uno que es agricultor. Cuando era joven salían a trabajar al campo con mulas, machos y bueyes sesenta o setenta personas. Ninguno de sus cuatro hijos vive en el pueblo.

La espléndida iglesia de Zamarramala, día de inmensas perspectivas, siempre con la montaña nevada al fondo, como si se desplazara con los caminantes. Siempre para admirar el espléndido paisaje nos volvemos y volvemos mientras avanzamos. Silencio, luz, brisa, alturas. En los cielos se desenvuelve en silencio la vida alada de buitres, milanos, águilas, cigüeñas, que planean en lo alto sin emitir sonidos que podamos oír.