viernes, 2 de enero de 2026

Gente reaccionaria. Se agradecen las sugerencias para mejorar la traducción al español.

Pendant le dîner (aux frais de Max, chez Lapi) il a entamé le chapitre de l’anticléricalisme italien.

« C’est le grand moteur des illustres idioties. Oh, une loi qui forcerait tous ces imbéciles à se rouler – sous peine de mort- aux pieds de tous les moines et de tous les prêtres qu’ils rencontrent dans les rues ! »

Et il a bu au pouvoir temporel des Papes.

Rentré ; un peu fatigué d’avoir entendu tant de paroles.

 

A. O. Barnabooth, Journal Intime.

Valéry Larbaud.

Bibliothèque NRF de la Pléiade, page 101.


     “Durante la cena (a cargo de Max, en Lapi), abordó el tema del anticlericalismo italiano.

«Es el gran motor de las idioteces ilustres. ¡Oh, una ley que obligara a todos esos imbéciles a postrarse —bajo pena de muerte— a los pies de todos los monjes y sacerdotes que se encontraran por la calle!»

Y brindó por el poder temporal de los papas.

Volví a casa un poco cansado de haber escuchado tantas palabras.”




jueves, 1 de enero de 2026

Primero del año. De los dietarios de A. Bergamota.


Por lo menos una cosa buena es sentarse a escribir un momento. ¿Contar las celebraciones de estos días? Realmente, de la vida cotidiana, para escribir un momento, lo más divertido es lo más inmediato. Lo que apetece poner en el papel es el gesto, el rasgo, el momento. Un fogonazo, una visión, una pequeña observación. Los gestos de la cajera o las madres en las tiendas. En estos días de ajetreo, en la librería apareció una señora muy mayor, que quiso atenderme. Yo sólo iba a pagar una deuda. Ya. Pues entonces con ella, yo soy su madre, sabe. En el herbolario, una escena parecida. Cuando estoy pagando y ya charlando con la señora que me atiende, noto como alguien se acerca mucho a mí, demasiado, para lo que son las distancias en una tienda. Enseguida me rebasa, es una señora. Cruza el umbral del mostrador y al hacerlo me dice, mirando a mi interlocutora, es que soy su madre. Con eso quedaba explicando el movimiento y la libertad de cruzar del otro lado. 

En la librería dejé a deber 50 céntimos al pagar un libro en efectivo y la librera, amablemente, me dijo que no pasaba nada, que otro día. Así que me acerqué el día 30 o tal vez fuera el 31 por la mañana – estos días he dado larguísimos paseos- para devolverlos. Me puse a la cola con la moneda en la mano. Algo inconsciente me había llevado por los alrededores de la librería, hasta que al meter la mano en el bolsillo y notar la moneda, recordé la pequeña deuda. En la cola fue cuando quiso atenderme la madre. La dueña ya me había visto por el rabillo del ojo, mientras apuntaba, con muchísimas dificultades, el número de teléfono de un cliente que se lo tuvo que repetir tres veces. Sin duda se debió aquello a que me había visto, y estaba mentalmente preparando la escena para cuando yo pagara, sin prestar la atención necesaria a lo que escribía. Se marchó el cliente y quedé yo en primera línea junto al mostrador. Alargué la moneda y con una sonrisa dije: Vengo a pagar mi deuda. Entonces, arrebolándose y con la mejor voz y un ademán como de salón antiguo me dijo que por favor, que no hacía ninguna falta, que no debía haberme molestado, ¡por favor! Al insistir yo – de ninguna manera, le dije, no estaba yo tranquilo, no se me podía olvidar- tendió la mano y deposité en ella la moneda. Todo en las alturas, lejos del mostrador. No llevaba ese día sombrero. De haberlo llevado hubiera podido quitármelo y embarcarme en mayores jeribeques, reverencias con paso atrás y otras ceremonias. Fue una escena verdaderamente versallesca. 




martes, 23 de diciembre de 2025

PASCUAS DE NAVIDAD

 FELIZ NAVIDAD

Jesús en el pesebre: he aquí una buena lección para aprender que toda las grandezas de este mundo son ilusión y mentira. 

San Francisco de Sales






lunes, 15 de diciembre de 2025

León. De los dietarios de A. Bergamota.

Es natural que se escriba cuando no se puede más o al menos para sobrellevar miserias y rutinas. Ya sabemos por Aristóteles, vía el Tolstoi de Ana Karenina, que “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”. Seguramente esto pueda aplicarse a los individuos. Y con esto no quiero decir que uno se sienta retratado o identificado, pero oiga, algo hay, que la vida pesa y va cobrándose facturas. De ahí, volviendo al principio, que sea mucho más fácil crear obras de ficción en la que ocurran desgracias, aunque sea como mero desahogo de quien las escribe, recrea, elabora o inventa. Únicamente las personas excepcionales, los muy grandes artistas son capaces de plasmar, recrear y narrar, la alegría y la felicidad, de las personas, del mundo, del paisaje, de la Creación. Si, con mayúscula. Y sin duda Tolstoi, pese a su pesimismo y tantas negruras, es uno de ellos. Lo son también, así a vuelapluma, el Gabriel Miró de Nuestro padre San Daniel y El obispo Leproso; el Balzac de alguno de sus cuentos largos; el Iván Goncharov de Oblomov, por citar otro ruso; muchos momentos de nuestro Galdós y por supuesto muchos grandes poetas, músicos y pintores, en la medida en que belleza y felicidad pueden asociarse. Aquí queda estom que, por otra parte, no tiene mayor importancia.



Historias del poligó. De los dietarios de A. Bergamota Elgrande (época de hierro).

El polígono está bajo un casquete de nubes oscuras, sin sol, como con la luz apagada y la ventana abierta. Aire, frío, humedad. Al cruzar la calle una parcela vallada permite jugar con los efectos ópticos. Si se mira sólo por el espacio entre dos camiones aparcados, no se ve más que la parcela sin construir. En verano es un simple desmonte, de tierra batida compacta y dura como el granito, de las que cuando éramos pequeños destrozaba las rodillas al resbalar sobre la arenilla, jugando a la pelota o correteando al ir a sacar al perro. Pero ahora, en invierno y con la lluvia de estos días, es otra cosa. Está cubierta de vegetación, de matorrales bien crecidos que a punto de secarse hace unas semanas han reverdecido. En primer plano retoños de olmo siberiano ya muy crecidos. Han cubierto la acera de sus pequeñas hojas amarillas formando una auténtica y resbaladiza alfombra otoñal. El centro de la parcela, más elevado, seguramente por la tierra acumulada de alguna excavación, da un aire campestre al conjunto. Con el relieve cubierto de densos matorrales desaparece la sensación de superficie alisada con una máquina, acotada y vallada, de terreno artificial. Al fondo, una hilera de árboles con todos los colores del otoño pues varios conservan todavía sus hojas, ocres, verde, grises y, sobre ellos, las nubes en cerrado y malencarado batallón. 

Apuntes. De los dietarios de A. Bergamota.

De un viaje en tren de alta velocidad, volviendo de Barcelona:

(…) mimado anglófono han pasado a la pizza. ¿Se dice pizza, picsa o piza? Dan ganas de alejarse todo, a veces, huir como en marcha y saludar tocándose el ala del sombrero subido a una encina, ante las miradas alucinadas del paisaje. [¿Se entiende eso? Estoy pasando viejos apuntes y la letra no es muy buena.] El encinar verde, los rastrojos amarillos, con el cereal cosechado y las pacas esperando la recogida. Veo a lo lejos, marcada por los cipreses que la rodean aquella casa y surge espontánea la evocación de aquello ya tan lejano. 

Sobre un teso una iglesia, zumba el tren y se perciben las casas arracimadas alrededor, del color de la tierra. Pantallas digitales, rojo sobre espejo en el tren que se acerca a los trescientos kilómetros por hora. Alrededor y sobre mi teléfono móvil, redes de telecomunicaciones, un sinfín de transmisiones. También un niño que da el coñazo, el pobre, de padres descalzos. Y fuera, inmóvil, el tiempo. Y la historia. Como congelados y retenidos en la dehesa que atravesamos al superar el último apeadero antes de Madrid, en el que no paramos. Fugazmente los paisajes de esa otra dimensión: carretera de los pantanos, la fantasmal y pasmosa Valdeluz, como queriendo saltar hacia el tren, hacia el mundo digital, moderno, cotizado, pero retenida por la tierra, aplastada por la luz de un cielo inmenso, luz infinita, nubes bajas, blanco, cobre, azul. (…) Los papás del niño horroroso, especie de indios criadores de (…).

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domingo, 14 de diciembre de 2025

La voz de por aquí. De los dietarios de A. Bergamota.

La voz que ameniza estos parajes de por aquí dice esta mañana: No te preocupes Gemita, es que son hombres, ellos son así. Se oyen cosas extraordinarias. Gemita, hombrecito, Santi que me dices, etc. Cosas extraordinarias.