miércoles, 26 de septiembre de 2012

ANTE LAS ELECCIONES VASCAS

Leo un titular de El Diario Vasco de hoy que reza "Urkullu reclama un nuevo estatus para Euskadi sin divorcio con España" y me pregunto si el PNV está volviendo al autonomismo de antaño, cuestión difícil de  contestar ya que los jeltzales no suelen caracterizarse por su claridad y el deducir qué pretenden hacer resulta casi imposible lejos de los muros de Sabin Etxea.

La estrategia de EH Bildu de cara a las inminentes elecciones vascas no deja mucho espacio político al PNV de la "via Ibarretxe".
El PNV lo sabe y se apresta a ofrecer la cara amable del nacionalismo.

Para jugar al independentismo radical ya está la izquierda radical que con gran habilidad esta tratando de vincularse con la herencia política del Lehendakari Aguirre, lo cual visto con la perspectiva del tiempo no deja de tener cierta gracia si no fuera por la siniestra estrategia marxista que se intuye bajo ese manto de cordero.

Así que el PNV de Urkullu parece haber vuelto a la vieja canción de la autonomía plena y del pacto con España, es decir una independencia con otro nombre que permita a los jeltzales quedar bien con su parroquia al tiempo que no espante a los vascos no nacionalistas ni socialistas y que contribuyen al bienestar general con su facundia y sus inversiones. El PP en esta batalla no cuenta demasiado.

La Historia nos enseña que el PNV ha sabido ser un partido pragmático cuyas alianzas han sido múltiples y variadas desde el carlismo de los años treinta hasta el socialismo de los ochenta y noventa por citar dos casos extremos. Esto se explica porque el PNV no es propiamente dicho un partido político sino un "movimiento en marcha" y como tal debe irse adaptando a las formas variadas del paisaje. 

Queda por saber si ésta capacidad de adaptación les va a permitir navegar sobre las procelosas aguas del independentismo radical que ahora cree poder conseguir la independencia sin recurrir a una recuperación del terrorismo, algo que en el medio social actual terminaría por completar su liquidación política.

El papel del PSE y en menor medida del PP será el de actuar de comparsas de un pulso esencialmente nacionalista que vuelve a sacar a la luz debates que nos retrotraen a los años sesenta cuando comenzó a configurarse el mapa nacionalista que hoy hemos heredado.

La política seguidista del PSE (Eguiguren y compañía) y la posibilista del PP (interpretada por Basagoiti y Oyarzabal con la bendición de ese mosén laico que es Rajoy) han situado a ambas fuerzas en una posición de espectadores y en su caso colaboradores necesarios del resultado final de un gobierno vasco cuya composición nadie puede imaginar ahora con exactitud pero que en cualquiera de los casos posibles no será la mejor para una desangrada, anestesiada y machacada sociedad vasca que va perdiendo natalidad y creatividad a la misma velocidad que la mentira histórica va ganando terreno entre el aplauso de unos y la indiferencia cómplice de otros.

El panorama es desolador, se continúan las mismas miserias de las últimas décadas que ya van camino del medio siglo.

Sólo nos queda esperar que la tierra vasca de nuestros antepasados, la de Idiaquez, Elcano, Urdaneta, Churruca, Ignacio de Loyola, Zumalacarregui,  y tantísimos otros vascos (vasquísimos de verdad) que por eso mismo eran más españoles que nadie, vaya recuperando algo de cordura y vuelva a ser algún día un espacio de verdadera libertad y dónde resurja una cruz  que hoy día yace arrumbada y sin la cual nada de nuestra cultura y tradición tiene sentido.

Sanglier.




sábado, 22 de septiembre de 2012

Holmes & Watson, Madrid Days.

Es la última pélícula de José Luis Garci.

No sólo la más reciente, sino que nos tememos que verdaderamente la última. Es decir que no habrá más.

Uno se pregunta si merece la pena dedicarle estas líneas y el tiempo que se tarda en escribirlas, a un bodrio. Bodrio en el sentido de desperdicio, bazofia, mejunje, potingue. Porque de todo tiene. Tal vez al escribir prolonguemos la agonía, o tal vez sirva de bálsamo al enfado con que salimos del cine. Salida anticipada porque no fuimos capaces de aguantar hasta el final, soportando otros diez minutos de planos repetidos, movimiento de cámara hemipléjico, diálogos no vacíos, ojalá, sino rellenos de una crema nauseabunda mezcla de moralina anticapitalista y filosofía barata, principalmente alrededor del género femenino, y probablemente relacionada con algún problema de manivela que se oxida. Cosas de la edad y del pito.

No es sólo que la película sea mala, que lo es de solemnidad. Tanto que impresiona al pensar que quien la dirige acertó tantas veces y estuvo digno muchas otras. Podría uno quedarse en que se trata simplemente de la completa decadencia de un director de cine que supo hacer El Crack, las Verdes Praderas, adaptar a Martínez Sierra, a Galdós, jugar a insinuar un Baroja en pantalla y hasta llevarse un Oscar de Golligud.

No es que no tenga nada que decir, sino que además zarandea a nuestros clásicos, intentando vestir con su aparición en pantalla la mula tuerta y coja que nos quiere vender como si fuera un purasangre con los mejores orígenes. No se contenta con usar a Galdós, usar a Albeniz, sin venir a cuento, sin lugar en el guión (¿qué guión?), sino que se atreve a poner la zarpa en los personajes de Conan Doyle para herirnos con la peor traslación a la pantalla que de ellos se haya hecho.

Holmes aparece como un viejo sentimental pagado de sí mismo, que no investiga nada porque la película carece de misterio, de intriga, de trama. Hay crímenes, pero nadie los resuelve ni los investiga, no tienen autor, los produce el sistema, claro. Holmes se convierte en una especie de sacerdote demagógico, lánguido y suspirante, que denuncia el estado de las cosas, mientras alterna con un remedo de la mejor sociedad madrileña y se cepilla a Irene Adler, en los libros su gran enemiga. En cuanto a Watson, ¿qué decir?, convertido en garañón relinchando por Madrid, pesa a estar recién casado con una jovencita a la que lleva como veinte años. Se le trae primero a la pantalla y luego a Madrid para ver la feroz lucha que sostiene consigo mismo: ¿Mantenerse fiel a la jovencita que ha dejado en Londres o trincar con un tiorra dentona que se le ofrece envuelta en vestido de época? Todo ello envuelto en unos diálogos y unos argumentos que causan verdadera vergüenza ajena. Salpicados con un poco de inglés, para que se sepa que sabemos. Mucho nos tememos que la adaptación de los dos personajes que se nos ofrece represente todo lo que dan de sí las inquietudes de los autores del guión… O al menos su falta de pudor al atreverse a dar al público semejante obra. Nos quedamos con las ganas de saber si Holmes es colchonero y Watson del Real o al revés. Cualquier parecido con los personajes originales es pura coincidencia. No creemos que un Holmes & Watson pornográfico, con el detective copulando pipa en boca, pudiera ser peor.

En cuanto al lenguaje cinematográfico, la forma de contar, de narrar, la ambientación, el ritmo, no hay nada que podamos decir porque todos esos elementos estas ausentes. La película no es en rigor una película. No se narra, porque no hay historia, no hay ritmo, todo es cartón piedra, no hay tensión porque no hay personajes, el más aburrido vacío.

Se trata más bien de la grabación en super ocho que haría un chico de diez años un poco lerdo para librarse cuanto antes de un trabajo del colegio. La película es lenta, repetitiva hasta la extenuación, los mismos planos y las mismas escenas una y otra vez, tanto que si no fuera por el hartazgo provocarían risa y se podrían contar: ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!, etc. La misma escena entre Holmes y novia repetida como cien veces, otros cien planos de Watson y tortolita y otros cien de Watson y tentación, doscientos de Holmes en su apartamento, doscientos del museo del ferrocarril, exterior de la estación e interior del vagón de época, lo mismo con el hospital, el cuarto de hotel, las reuniones en el gabinete del ministro, los suspiros los diálogos. Desesperante. De una torpeza que ni hecho a propósito. La cámara nos muestra la escena, desde arriba, va bajando, se centra se acerca. Siguiente plano, mismos movimientos, y así una y otra vez. Tanta cámara que sube y baja, o que desde arriba baja, llega a resultar sospechosa, hasta el punto de que sólo puede entenderse con una explicación freudiana, de diván: una vez más, cuestión de pito, nabo, falo, miembro, como quieran ustedes llamarlo. Ni el alumno torpe, lerdo y pajillero hubiera llegado a tanto.

Es tan sorprendente que se llega a pensar que Garci, el director, no haya estado detrás de la cámara y sólo haya prestado nombre. Porque no es normal tanta torpeza técnica, tanta falta de oficio, incluso en un director que estuviera completamente degenerado. Menos en uno que se dice admirador del gran Golliwú clásico, de John Ford, etc.

Pero como decíamos, no es sólo que la película sea mala. Lo es tanto que resulta hasta sospechoso, que huele a estafa a kilómetros de distancia. Nada sabemos, pero como también nos gusta la ficción, vamos a elaborar un poco este argumento. ¿No habrá detrás del bodrio una de esas tramas estupendas tan representativas de la España democrática? ¿Un trinquillo organizado con los amigos para echarle el guante a las últimas subvenciones? Una de esas formas de hacer las cosas que nos han llevado a dónde estamos.

Tal vez la película hubiera podido titularse “Coge el dinero y corre” si no fuera copiar a gente de más talento. Tal vez la verdadera historia que haya que contar no sea la que consiste en meterle el dedo en el ojo a Conan Doyle con sus propios personajes, sino la de la financiación de ésta película, y de otras películas en España en estos años de democracia. La pasta para un cine que no cuenta nada y que prácticamente ni siquiera es cine como tal. ¿En el reparto los Ozores y Tony Leblanc? Eso sería demasiado bueno, es más un argumento para Pajares y Esteso, para Santiago Segura. Uno de ellos, Pajares, haría de Garci, Esteso de ministro, Segura de miembro del partido, sección Kultura, los secundarios harían de amiguetes. Habría que buscar a quien hiciera de Ministro de Justicia, de hombre de partido, de fiscal con veleidades culturales, de diplomático radiofónico, porque dudamos que Gallardón, Torres Dulce y Chencho, quisieran participar haciendo de sí mismos en una película sobre trincar la pasta, como si lo hacen en ésta. Sí señor, los tres en pantalla, y el amigo bobito, el poeta Luis Alberto también. ¡En plena crisis, ver que la película se produce con nuestros impuestos (TVE, Ministerio de Cultura, ICO, etc.) para que luego se entretengan estos! Lo que no entiendo es como no arden los cines. Bueno, lo entiendo, porque la sala no tiene la culpa. Ver a Gallardón con barba falsa haciendo de Albéniz y salir vivo de la sala es una clara demonstración de fortaleza física. El trauma moral es en cambio indeleble, nos tememos. Chencho es el único que la verdad lo hace bien, hemos perdido un gran actor.

La película es tan mala, es hasta tal punto el anti-cine que, realizada por quien un día tuvo oficio y hasta talento, sólo puede ser el resultado del más escandaloso desinterés, un desinterés que podría calificarse casi de culpable, de gravemente negligente. Y esto es lo que nos hace imaginar la otra trama: que la película pueda ser simplemente una tapadera para el trinque. ¡Chavales! ¡Que todavía quedan cuatro duros en subvenciones para pelis! ¡Decídselo a Pepelu a ver si se presta! Montamos un tinglado y nos metemos unos eurillos del contribuyente en la faltriquera. Todo legal oye, a base de contactos y mover los hilos adecuadamente, como Stromboli en Pinocho…

Tato piensa que realmente, trincar los euricos, es realmente lo único que hay detrás del asunto, un puro ejercicio de mediocridad. Y esto casi podría aguantarse si la película no destilara moralina barata, lamentándose de un estado de cosas de las que es un perfecto ejemplo y resultado. Si no nos sacudiera sin piedad con lugares comunes, cursilería y diálogos absurdos en boca de una recua de actrices que más parecen un harem colocado a dedo por los muñidores del asunto que unas representantes medianamente dignas del séptimo arte, completa y absolutamente ausente de este … bodrio.

Fin - The End (pa que se sepa que sabemos inglé)

martes, 18 de septiembre de 2012

NIMES

Dimisión ayer de Esperanza Aguirre, que es para todos nosotros una pésima noticia, pues quedan todavía más a sus anchas todos los mediocres.

Gesta de José Tomás en Nimes, comentada en los tendidos mientras asistíamos a la novillada de Concha y Sierra. Al día siguiente la sensata e inteligentísima crónica de Andrés Amorós, en ABC, que como quien no quiere la cosa, va dando todos los detalles necesarios para valorar verdaderamente la gesta. Y cuando creíamos que la afición francesa, tan alabada por nuestro papanatismo local, era la salvación, nos enteramos de que el toro indultado es… ¡El que salto al callejón! Menos mal que nos quedan André Viard (que es francés, para que vean los suspicaces) y José Ramón en Salmonetes. Y por supuesto, don Andrés Amorós, al que hay que saber leer entre líneas, porque no da puntada sin hilo, me parece a mí.

viernes, 14 de septiembre de 2012

LAS TABAS

Nombre real, visto en los papeles de un arrendamiento no tan antiguo: María de Fátima Dos Santos de Carvalhino Dicrais Mentes Marques Perdigao, natural de Lourenço Marques, vive en la calle Nossa Senhora do Rosario…

Niño diminuto en uniforme de colegio, primeras palabras, primer colegio, bajito y cabezón como corresponde, juega con otros en un jardín. Cuando me ve pasar por la calle, se acerca a la verja del jardín, mira a través y sacando los brazos dice:

- ¡¡Estoy en la cárcel, estoy en la cárcel!!

Una paloma trota por la hierba del jardín, otra se posa entre la enramada de un fresno, las dos como aterrizando por pasillos de sol al atardecer.

Es curioso este papanatismo hispánico con la ginebra, todos los petimetres extasiados ante un brebaje que es algo así como beber colonia, que hay que disfrazar, para pasar el trago, con pepinos, limones, ramitas de romero, y esencia de cojón de pato, que es lo más, de lo más. ¿No lo sabíais? ¡¡Ah maricas!! ¡Corred a pedirlo no sea que os veáis convertidos en oveja descarriada, terror del hispánico moderno. ¡Qué tiempos los de la orden del husky la cofradía del barbour! Todos los borregos de España vestidos de verde. Como decía don Juan de Tassis, no conozco el Prado, y no lo desconozco por olvido, sino porque veo que es pisado por muchos que debiera ser pacido. ¡Con la fuerza que tenía esto! Con la personalidad que tenía la península, para lo bueno y para lo malo.

El tío Mariano, con esa pinta de tener horchata en lugar de sangre, con su oposicioncita, con su barbita cana, preparado para hacer calceta después de recoger pimientos en el huerto y de pelar patadas con la abuela, con la escritura sobre la mesa de la cocina, a medio calificar, y el lápiz en la oreja, un tantico mordisqueado… ¡Mariano, que no ganamos para lápices, leche! Y de repente, nada de pasillos palaciegos, no, coselete, banda roja de maestre de campo, bastón de mando y al frente del Tercio Viejo de Sicilia, a la cabeza de la maniobra, decidiendo. Y enfrente un ejército de hideputas hugonotes, mercenarios bestiales, suecos, germanos, flamencos, holandeses, picas en alto, cañones tronando, caballos caracoleando, el humo de las descargas nos ciega, las banderas en alto, la cruz de San Andrés se impacienta… ¿Qué hacemos Mariano? Y Mariano grita;

-          ¡¡Ahora no toca!!

Mariano es que es más de jugar a las tabas, y a dar palmas palmitas, mientras el matoncillo de tres al cuarto del patio del colegio le chulea poniéndose de puntillas para erguir su estatura tapona. En fin, como diría Feijoo, el clima, el lugar, los mimbres, son los mismos, así que no hay razón para que no volvamos a ser nosotros mismos. En primero lugar volviendo a los destilados del vino, dejando de una vez la colonia rebajada.

Tato
Esto es lo de Feijoo:

No desdigan las ramas del tronco y la raíz. Dé lección un siglo a otro siglo. En el mismo clima vivimos, de las mismas influencias gozamos que nuestros antepasados. Luego, cuanto es parte de la naturaleza, la misma, índole, igual habilidad, iguales fuerzas hay en nosotros que ellos, y acaso superiores a las de otras naciones (…)
Glorias de España, Padre Feijóo.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Continúa, o el angelito en los toros.


“La tauromaquia era mi delicia. Una tarde, en una corrida, ovacionó el público a un torero y le arrojaban al redondel, según costumbre, sombreros y cigarros. Yo que estaba en el palco de la Diputación con mi padre me quité mi gorra de marinero y mi padre lo notó y le dijo a otros señores: - Este demonio de niño va a tirar la gorra. – Y dirigiéndose a mí me amenazó diciéndome: - ¡Como la tires, verás! Pero yo no pude contenerme y la tiré. También hice que me comprase una petaca y cigarros puros para los toreros, todo eso cuando tenía seis o siete años y conocí a “Cara-Ancha”, que vivía cerca de casa y me cogía del brazo cuando iba a visitarlo, y a “Gallito”.
Javier de Winthuysen
Memorias de un señorito sevillano

viernes, 7 de septiembre de 2012

LA TAUROMAQUIA ERA MI DELICIA


"La tauromaquia era mi delicia. Una tarde, en una corrida, ovacionó el público a un torero y le arrojaban al redondel, según costumbre, sombreros y cigarros."


Javier de Winthuysen
Memorias de un señorito sevillano

lunes, 3 de septiembre de 2012

CRÓNICAS DE DOROTEO

Recordamos al amable lector, si es que hay algún incauto, que el lenguaje de Doroteo es grueso y sin pulimento, sus conceptos son ásperos y rugosos, raspan, están sin desbastar. En ocasiones puede ser soez, a veces zafio. En cambio es claro y directo, sin melindres ni mariconadas…ya estamos. Ustedes verán.

Doroteo no se rasca sólo la panza antes de empezar a escribir. Lo hace a medio cocer, bien empapado. El oporto envejece en barricas de carvalho, como dicen nuestros vecinos portugueses, y Doroteo lo hace empapado en vino de oporto, y también del marco de Jeréz, y también con la ayuda y el consuelo de algunos destilados del vino, para los que no conoce fronteras: el aguardente velha portuguesa, el coñaque y el armañaque de nuestros vecinos de arriba, los brandies españoles, del sur, del centro, del este. No trabaja los licores de fruta centroeuropeos, demasiado azucarados, si no hay posibilidad de tirarse luego por la ventana del castillo sobre tres metros de nieve.

Paseaba Doroteo el otro día con el amigo Pulardo, a buen ritmo pese a todas las protuberancias. Las familias iban quedando atrás a medida que la cuesta entre los pinos se iba haciendo más recia, el aire más fino, la vista más amplia. Casi trotaban sin resuello, por mantener la honrilla, cuando por fin llegaron, al final del repecho, a terreno llano. El paseo de los frailes, mil veces andado por los del Monasterio cuya cúpula inmensa presidía el espléndido paisaje, invitaba a la confesión a media voz, como susurrada, mientras se calmaba la respiración. A lo lejos, Pelolechuga entretenía a las señoras como siempre.

- Yo voy de tabaco hasta las trancas. Un exceso, creo que la situación exige moderación durante una temporada. ¡¡Bendito contrabando!!
- Veo que no te moderas, Doroteo, nada en exceso, recuerda el viejo aforismo clásico, que eres un bala.
- Y conócete a ti mismo, no te jode, seguro que tú te conoces bien de tanto meneártela… Lo que no se puede es empezar una confesión cigarrera y que le salgan a uno con moralina… Desembucha de una vez, ¡Coño Pulardo!

Se detuvo la conversación por un momento. La brisa mecía las ramas de los pinos y llegaba el oleaje serrano, muy levemente, con una leve sonoridad como de cristal, anunciadora temprana del próximo cambio de estación. Caminaban por la senda desierta, parándose de vez en cuando para mirar atrás, y comprobar que les seguían a distancia pero a ritmo constante todos los demás. Parlanchina, la dueña, departía con don Juan Calabazas, mientras la enana Maribárbola caminaba serena con sus andares de bolo en equilibrio. Onofre Balilla seguía entreteniendo a las señoras, gesticulante y meloso, intentando pillar cacho después de una verano en barbecho, sin catar nada decente.

- Bueno, bueno, calma, pues los ahorros prácticamente enteros…
- ¡¡El bote!!
Cincuenta puros en un mes… pero es por culpa de la montaña y por la playa que al mesetario le trastornan, le incitan a todo, a la falta de moderación, Doroteo hijo.
- Pues como te decía, ¡Yo tengo en forma de habano hasta el nabo!
- Pues será una mierda puro, una perla o algo así, jiji… ¡Me lo has puesto a huevo Danilo!
- Ya estamos con lo de siempre, pues no señor, doble corona, pero no voy a entrar en detalles.

Habían apresurado el paso y ganado altura. El paisaje invitaba al silencio y callaron por un momento contemplando toda aquella extensión, dominada de nuevo por la inmensa cúpula del Monasterio, por detrás la planicie, el pantano, los encinares, el secarral de las estribaciones de la sierra y al fondo la ciudad señalada por las cuatro torres, como el tenedor pinchado en la tortilla, tortilla al aire, sin mampara.

Pulardo fue quien primero abrió el pico cuando ya descendían resbalando por la arenilla, sobre las chinas y los cantos deslizándose sobre la tierra seca, y dura. A lo lejos Maribárbola era una tachuela rodante, la aplastaría alguna de las vacas que pastaban por el camino.

- Hay que moderarse porque el buen habano gasta mucha energía – Doroteo asentía reservón a la prudentes razones del taimado amigo de los cincuenta puros- y si al día siguiente hay que trabajar, pues estas tieso.
- Hombre no siempre, depende del día. Si fumas con agua no pasa nada. Lo malo es el alcohol, Pulardo hombre que siempre bailas al son que más te conviene, después de fumados los cincuenta.
- Lo malo es que por la mañana estás tieso, luego llega la hora de comer, sales de la hura, das una vuelta a la manzana, lees una sentencia del Supremo y ya te vas despejando, y por la tarde la cosa mejora y llegas a casa, y claro, después de cenar cae otro y mejor y más grande, un nabo de mandingo y…
- ¡No empecemos con los nabos! – protestó Dorotero dando un respingo.
- Ya me entiendes, te animas, lo más grande que tengas en la tabaquera y si puede ser un Bolívar pues ya empal… Bueno lo dejo ahí.

Doroteo como siempre, esperaba turno para meter cuña, buscando una salida honrosa al embrollo de la moderación.

- A lo mejor tienes razón, te metes en la espiral de humo y acabas un día de bruces sobre la alfombra del salón, con los brazos en cruz y el hilillo de baba, hasta que te despiertas y consigues arrastrarte a la cama –dijo mirando a lo lejos antes de meterse por la calle a la que habían vuelto dejando el paseo de los frailes. Ya había gente, gentecilla, gentucilla, atuendos, pintas, poses, traumas, un par de familias, una loca corriendo con cascos en las orejas y como Dios la trajo al mundo, o casi, perros, muchos perros. Lo más digno, un galgo curvilíneo y cimbreante.
- Hombre, tampoco es eso - contestó Pantuflo un tanto dolido por su fácil triunfo.
Exagero un poco, pero viene a ser lo mismo- continúo el Doro-, pero la otra cara es el poder de concentración, el habano es un gran concentrador. ¡Qué momentos de lectura solitaria dónde nada existe más allá de las páginas del libro y del anillo de humo que rodea al lector! El humo azulón que lo envuelve viene a ser el soplo del dragón traído por Merlín desde el ciclo artúrico, duplica las fuerzas, dispara la lucidez, todo se hace claro y por momentos se adentra uno físicamente en lo que lee. En fin. Nada en exceso, no vaya a ser que un día se cierre el libro y nos quedemos dentro, atrapados por Bárbola, la hija de la panadera que nos obligará a hacer las bellaquerías detrás de la puerta, hasta el fin de los tiempos.